domingo, 20 de noviembre de 2016

#HumanidadYPsicologia: Cómo eliminar la ansiedad por la comida



Cómo eliminar la ansiedad por la comida paso a paso
Aunque la ansiedad la provoque algo exterior a ti, no se soluciona cambiando el mundo exterior. Ponte en situación: tu jefe en el trabajo te pone de los nervios y al llegar a casa te atiborras de chocolate.
¿Es la solución cambiar de trabajo? ¿O de jefe? ¡Para nada!
Porque ahora el jefe es el “culpable” pero quizás dentro de unos años la ansiedad la provoquen tus hijos o cualquier otra situación externa.
La solución es cambiar tu interior para que puedas manejar la ansiedad.
¿Y cómo hacemos esto?
Para eliminar la ansiedad por la comida hay que hablar de las dos causas que más afectan:
1.    Lo que pones en el plato
2.    Lo que pones en tu mente.
Parte I: Tu alimentación te puede provocar ansiedad
¿Alguna vez te ha pasado esto?
Empiezas a comer algo que te has preparado y, de repente, te das cuenta de que estás a punto de llegar al último bocado de tu comida y ni te has enterado.
Muchas veces comemos sin consciencia de lo que estamos haciendo. Y esto es un error muy grave porque nuestro cuerpo necesita tiempo para sentirse saciado y para disfrutar de la comida.
Está comprobado científicamente que el cuerpo no es capaz de sentir la sensación de satisfacción en el estómago de forma inmediata. Así que, el viejo consejo de “come más despacio” nunca ha venido mejor.
Dale más tiempo a tus comidas y mira cómo la ansiedad va disminuyendo. Además, cuando comes más despacio saboreas más los sabores, así que, disfrutarás más de la comida.
Primer Paso: Come más despacio y saborea tu plato.
Suena muy simple y lo es. Pero no lo tomes como excusa para no ponerlo en práctica. Toma esa sencillez como una excusa perfecta para practicarlo siempre que puedas.
Un truco para comer más despacio
Ser constante en algo tan sencillo como comer un poco más despacio de lo habitual puede resultar muy difícil. Por eso, siempre me gusta utilizar la técnica del Reloj  para facilitar las cosas y hacerlo divertido. A modo de resumen, consiste en lo siguiente:
Cada vez que vayas a comer debes tener un recordatorio de que vas a usar esta Técnica tan peculiar. Yo suelo utilizar un post-it en la nevera y en el que he dibujado un reloj bien grande. Así cuando me pongo a cocinar no me queda más remedio que verlo. También puedes usar una alarma del móvil, por ejemplo.
La Técnica del Reloj consiste en cronometrar una comida y en aumentar en 5 minutos más ese tiempo empleado para la siguiente comida, haciendo uso de las anti-recompensas.
Por ejemplo, si tu comida la sueles hacer en 10 minutos, el nuevo objetivo es hacerla en 15 minutos. Así que, te dispones a comer, preparas tu cronómetro y empiezas.
Si al acabar no has llegado a los 15 minutos, por ejemplo te has quedado en 12 minutos, entonces debes apuntar el tiempo que te ha faltado hasta el objetivo. En este caso de ejemplo: 3 minutos nos han faltado para llegar a 15.
Repetimos lo mismo para todas las comidas del día principales y al final tendremos unos minutos que nos han faltado: 3 minutos de la comida, 2 del desayuno y 5 de la cena. En total, 10 minutos del día.
Como no hemos cumplido el objetivo usaremos una anti-recompensa, es decir, un castigo. Algo que nos fastidie mucho. Personalmente, me funciona especialmente bien levantarme más temprano al día siguiente.
Así que si le debía 10 minutos a mis comidas, esos se los restaré a mi despertador. En lugar de a las 8 me despertaré a las 7:50.
Puedes utilizar cualquier anti-recompensa que te fastidie lo suficiente. Te animo a probarla.
Segundo Paso: elimina los alimentos pro-ansiedad
Azúcar, bebidas alcohólicas y alimentos refinados son el mejor amigo de tu ansiedad por la comida y tu peor enemigo. Sus efectos en el cuerpo hacen que sientas placer inmediato pero que unos minutos desees más y más, creándote ansiedad por ellos.
¿De qué estamos hablando? Azúcar, bollería, fritos en excesos, “cereales del desayuno”, etc.
¿Cómo los eliminamos? No eliminándolos. La mejor forma es sustituirlos por otras opciones más sanas como frutos secos, frutas, granos enteros, etc. Hazlo de forma gradual. Poco a poco pero siempre a mejor.
Parte II: Tu mente te puede provocar ansiedad
Aunque sigas los dos pasos anteriores lo más probable es que la ansiedad por la comida siga apareciendo. Esto ocurre porque gran parte de la ansiedad (por no decir casi toda) se crea en tu  cerebro.
Déjame que me explique: no es tu jefe y sus malas formas los que te provocan ansiedad. No son tus hijos. Ni tu situación económica. Nada de eso crea la ansiedad por comer.
Eres tú la persona responsable:
·         Quizás piensas que tu jefe debería comportarse mejor contigo y, como no lo hace, te sientes decepcionada/o.
·         Quizás piensas que tus hijos deberían ser de una determinada forma y, como no puedes controlarlos, te provoca ansiedad.
·         Quizás piensas que no te mereces las dificultades que la vida te está poniendo delante y eso te cree un complejo de víctima y, en consecuencia, la ansiedad.
¡Buenas noticias! Porque si tú la creas, tú la puedes eliminar.
·         ¿Y si no pensaras que tu jefe tendría que ser mejor persona contigo?
·         ¿Y si no pensaras que tus hijos deberían ser cómo tú quieras que sean?
·         ¿Y si no pensaras que eres una víctima de tu situación en la vida?
Quizás no puedas cambiar a tu jefe, ni a tus hijos, ni las dificultades de la vida pero sí que puedes cambiar tus pensamientos hacia ellas.
Y para ello, es necesario que hablemos primero de los sentimientos.
Tercer Paso: Atraviesa la Habitación de los Sentimientos.
Imagina una habitación oscura en la que no puedes observar su interior.
En esa oscuridad están todos tus sentimientos “negativos”: odio, celos, rechazo, aburrimiento, etc
Cuando cualquier situación externa nos empuja a entrar en esta habitación normalmente nos resistimos porque no sabemos lo que nos vamos a encontrar. Pero la verdad, es que en esa habitación sólo hay sentimientos. Nada más.
Para poder eliminar la ansiedad por la comida tienes que permitirte entrar en esa habitación de la ansiedad y sentirla. Tienes que sentir esa ansiedad, aburrimiento, odio…
Esto no significa sentirse desbordado por el sentimiento. Más bien todo lo contrario: sin resistencia a entrar en la habitación, damos pasos serenos y tranquilos en la oscuridad.
Algo que ayuda muchísimo a conseguir esta serenidad para experimentar los sentimientos y emociones es este ejercicio de meditación:
Cuando vayas a entrar en la habitación de los sentimientos, concéntrate en tu respiración. Nota como el aire entra y sale lentamente. Intenta respirar lo más suavemente posible.
Ahora hazte con un papel y bolígrafo y describe qué es lo que sientes en tu cuerpo lo más exactamente posible. Dónde se siente, con qué intensidad, duración… todo lo que puedas. De nuevo, describe tu sentimiento tal y como respiras: tranquilamente y con serenidad.
Por último, vuelve a centrar tu atención en cómo entra y sale el aire de tu nariz.
Acabas de atravesar la habitación de los sentimientos.
Si te has quedado suficientemente tiempo dentro de esa oscuridad verás que ya no te asusta. Incluso esa ansiedad que tenías ha disminuido.
Cuarto Paso: Descubriendo los pensamientos que te gobiernan
El tercer paso te permitirá ganar la batalla contra la ansiedad a corto plazo.
El cuarto paso, por su parte, te permitirá ganar la guerra contra la ansiedad para siempre.
Como ya has visto, la ansiedad (y todos los sentimientos) se crean en tu mente. Cuando un pensamiento o creencia se instala en tu cerebro provoca un sentimiento. Por ejemplo, la creencia de que mis hijos se deben comportar como yo sé que es mejor para ellos provoca ansiedad cuando los pequeños no actúan como esperas.
La cuestión en este paso es averiguar cuáles son esos pensamientos o creencias que nos provocan la ansiedad por comer.
Para ello es imprescindible ponerse el disfraz de Sherlock Holmes: preguntar con curiosidad pero nunca juzgando las respuestas. Por muy tontas o ilógicas que nos parezcan, no sirve de nada juzgar.
Así que cuando ya no tengas miedo a la oscuridad de la Habitación de los Sentimientos, es decir, cuando el sentimiento viva en ti pero no te desborde entonces pregúntate:
“¿Por qué me siento así?” A esa respuesta, vuelve a preguntar “¿por qué?” tantas veces como sean necesarias hasta llegar al pensamiento clave.
Un ejemplo de esto sería algo así:
·         “Me siento triste y decaída.”
·         “¿Por qué?”
·         “Ese chico me ha rechazado”
·         “¿Por qué que un chico te rechace te hace estar triste?”
·         “Por que duele”
·         “¿Por qué duele que te rechace?”
·         “…Porque pienso que nadie me va a querer”
¡Ajá! Ese es la creencia que te gobierna y creeme, no es nada buena. Ahora toca cambiarla.
Por favor, insisto: nada de juzgarse por las creencias que tenemos instaladas. Si no nos sirven las cambiaremos pero el cambio será muchísimo más difícil si nos castigamos por ellas.
Quinto Paso: Cambia los pensamientos que te provocan la ansiedad.
Ahora viene la parte más divertida: cambiar los pensamientos que no nos sirven.
Debemos reemplazar la vieja creencia con una nueva. Sin embargo, prepárate porque al principio no va a ser fácil. Sencillamente porque tu cerebro todavía no lo tiene instalado.
Si, por ejemplo, durante toda tu vida has pensado que eras una persona con sobrepeso y no podías hacer nada para cambiarlo. Si ahora decides cambiar este pensamiento va a ser incómodo.
Pero eso no significa que no lo hagas.
Si en lugar del antiguo pensamiento ahora quieres que tu creencia sea: “Yo puedo cambiar físico. Puedo adelgazar y no tengo porque ser así” evidentemente al principio será incómodo. Y lo será porque no te lo crees todavía.
Pero con las herramientas adecuadas puedes conseguirlo. De esta forma el cambio que haces es para siempre.
Es en este punto especialmente en el que recomiendo muchísimo la ayuda de un profesional en el tema, alguien que haya estado ahí para que te ayude y te de las estrategias que funcionan sobre cómo puedes adelgazar o controlar esa ansiedad. Pero también puedes empezar tú misma/o con esta herramienta:
“Actuar como si…”
Personalmente, siempre recomiendo esta forma de construir esta nueva creencia que ha funcionado muy bien en mis alumnos y en mi mismo.
Como no podría ser de otra forma, consiste en mimetizar el comportamiento que queremos tener de forma espontánea. Si seguimos con el ejemplo de: “Puedo adelgazar y no tengo porque ser así”, ¿qué haría esa persona?
·         Buscar casos de gente que ha conseguido un resultado similar.
·         Contactar con algún especialista en el tema.
·         Aprender lo básico de nutrición.
·         Empezar a hacer deporte.
Cada vez que haga una de esas acciones reforzará su nuevo pensamiento de que “puede adelgazar y no tiene por qué ser así”.
Resumiendo, para eliminar la ansiedad por la comida sigue estos pasos:
·         Come más despacio y saborea tu plato.
·         Elimina los alimentos pro-ansiedad
·         Atraviesa la Habitación de los Sentimientos.
·         Descubre los pensamientos que te gobiernan
·         Cambia los pensamientos que te provocan la ansiedad.
Si te ha parecido interesante y quieres aprender este procedimiento paso a paso y más estrategias, puedes apuntarte a mi curso por correo gratuito. Está dedicado a eliminar la ansiedad por la comida, adelgazar de forma saludable y mejorar la autoestima.
tomado de: 

domingo, 4 de septiembre de 2016

¡NO LES HAGA LAS TAREAS ¡



“Enséñeles a sus hijos a estudiar. Adecúeles un lugar, motívelos, supervíselos y no asuma  las obligaciones  escolares de ellos”

Dicen que es preferible  “enseñar a pescar  que regalar el pez”. Y  si se habla  de educación, este adagio  debe aplicarse  al pie de la letra, pues es mejor que les inculque  a sus hijos  buenos  métodos de estudio  y les adecue un confortable  lugar  para ello, a que se pongan  hacerles las tareas.

“la  ventaja  de crear  hábitos de estudio  en los niños  es que se logra que estos  incorporen  esa actividad en su actuar como una rutina  normal  y no como algo que les quita tiempo, además el menor  mejorara su capacidad  intelectual”

Para que   les indique  a sus hijos  dónde  y cómo  actuar  deben estudiar, les daremos  algunas recomendaciones  del docente  de preescolar  Carlos Cifuentes:

EL LUGAR: puede ser el cuarto del niño  o un espacio  especial  para esa actividad se recomienda:

-       Tener una  mesita  y una silla  acorde al tamaño de del  niño.

-       Tener una repisa  para sus libros.

-   Que siempre sea el mismo espacio así el menor  se acostumbrara y no se distraerá fácilmente

-       Realizar  las tareas  todos los días a la misma hora  así lograra  un hábito de estudio.

-       El lugar  de estudio  debe ser silencioso, iluminado  y ventilado.

-       En lo posible, trate de no decorar  el espacio  en el que el  niño estudia  pues los juguetes  y afiches lo pueden distraer.

LOS MATERIALES

El niños  deberá  alistar  libros, lápices, borrador , sacapuntas y demás materiales  antes de sentarse  a hacer las tareas, de esta manera, no perderá  tiempo  y evitara  distracciones.

Descansar: un paréntesis  no viene mal, es recomendable  que su hijo descanse unos 30 minutos  entre la comida  y el estudio.

Los expertos aconsejan  que los periodos de estudio  en la casa  no sean más largos  que los del colegio, si es necesario, el menor deberá descansar  unos 15 minutos  después  de media hora  de estudio.

Ayudar, no alcahuetear:

Responda las  dudas  que su hijo tenga  respecto a cómo hacer la tarea , ayúdele  a buscar  material  y échele un vistazo  a lo que  el escriba, lo que debe evitar  es realizar  la tarea por él.  Así, incentivara  en su hijo  las ganas de aprender.

Cero interrupciones: mientras  el niño  este estudiando  trate  de no interrumpirlo. de esta manera, además  de no desconcentrarlo , cultivara  en su hijo  el respeto  por el momento  en el cual estudia, lo considerara “sagrado”.

Puntualidad: si su niño  es mayor  de seis años, establézcale  un horario  para hacer las tareas. Así le inculcara la responsabilidad y la puntualidad.

Tomado de: Periodico Q”hubo- Cali  edición impresa- 


Digito: jl

lunes, 29 de agosto de 2016

EL MANIPULADOR: NUNCA TIENE LA CULPA DE NADA


Por Carlos E Climent[1]

“Desde  que lo (la)  conozco  nunca ha aceptado  su responsabilidad en nada…Tiene una habilidad asombrosa  para demostrar  que la culpa  siempre  la tienen los demás…

¡Es increíble  la manera  como voltea  las cosas  a su favor!… ¡ Y  lo más sorprendente es… cómo me dejo  enredar…para seguir ahí”

El tema  que nos ocupa  es el manipulador* También se hace referencia a la simbiosis  que -en relación de pareja- se establece  entre  este y su víctima, el manipulado. El primero  es un ser astuto por naturaleza  que se las arregla  para dar muy poco  y recibir mucho.  El segundo  es el idiota  útil  que siempre  está dispuesto a servir. El poder  del uno  depende  de la debilidad del otro.

Entre  las características  del manipulador  están, su:

-          Mala intensión fría y calculada

-          Profundo egoísmo  e incapacidad  de amar de verdad. Finge  afecto  de manera tan  mañosa  que pueden engañar  por mucho  tiempo, (Pero finalmente  hasta el más ingenuo se da  cuenta).

-          Negativa  absoluta  para aceptar  sus fallas.

-          Maestría para sacudirse de encima  las culpas  que le corresponden  y adjudicárselas  a los demás.

-          Aparente  poder de convicción  con el cual logran captar audiencias  que les oyen (no necesariamente les creen) sus historias.

-          Poder de intimidación que ejercen  exclusivamente  sobre sus víctimas, pues  frente a los demás  son obsequiosos y hasta serviles.

-          Intuitiva habilidad diagnostica. De entre un montón  de candidatos (as) posibles, identifica  la persona con las condiciones manipulables precisas. Con solo verla…conoce sus debilidades…sabe cómo  debe actuar…que decir  y que ocultar…

-          Determinación. Una vez que le echa  el ojo  a su elegido(o) la (lo) agarra con la firmeza  del perro de presa  y no la  vuelve a soltar.

-          Rapidez y sangre fría. Su accionar es sorpresivo pues lo que le interesa es no dejar tiempo a la contraparte  para pensar, ni consultar. De ello depende que el botín no se escape.
-          Fachada impecable  de modales  suaves  y elegancia impostada.

-          Habilidad estratégica frente  a las crisis. Cuando la víctima  agobiada por las circunstancias  decide  rebelarse en ese momento  y solo temporalmente – el manipulador afloja la presión, se disfraza, se acomoda  y espera  con sumo  cuidado hasta cuando se enfrían  las cosas. Fingen cambios, se aconducta, cumple  con todos los requerimientos…hasta cuando el otro  se descuida creyendo que las cosas  cambiaron…y vuelve a lo suyo.




-          Incapacidad de seguir  fingiendo cuando los deseos de liberación de la víctima son definitivos  y el manipulador detecta esa certeza. En ese momento  surge lo más sórdido  y escondido, evidenciado  en su ambición  económica  y/o  en el control  de la otra persona. Cuando la manipulación es una forma  más o menos habitual de relacionarse con los demás, se constituye en un trastorno de la personalidad. Comparte muchos elementos  descriptivos  con el antisocial, el narcisista y/o el hipócrita. Sus características son evidentes desde muy temprano en la vida  de las personas  y a pesar de ser una constante, suelen  mantenerse  muy camufladas. aparecen solo cuando son necesarias  y se vuelven  a esconder  cuando las circunstancias lo exigen.

-          Una de las razones  por las cuales  la posibilidad de intervención  terapéutica con el manipulador  están estéril  es su falta  de conciencia  de enfermedad. Es decir,  de acuerdo  a su propio criterio, él está perfecto y por lo tanto  no admite  sindicación  alguna  de patología. Las posibilidades   de recuperación  deben  buscarse  entre sus víctimas, los seres manipulables, tema  de la próxima nota.

(* El termino  aplica  ambos sexos)
Tomado de prensa escrita, ver también en: http://carlosecliment.blogspot.com.co/

tema relacionado: EL MANIPULADOR Y EL MANIPULABLE.
 http://humanidadypsicologia.blogspot.com.co/2008/10/el-manipulador.html


martes, 16 de agosto de 2016

EL ENFOQUE PSICOANALÍTICO DE ESTANISLAO ZULETA, DEPRESIÓN Y DUELO (1)



EL   ENFOQUE  PSICOANALITICO   DE   ESTANISLAO   ZULETA

DEPRESIÓN Y DUELO (1)

Por: Javier López

En su libro de  más de 354 páginas, este  filósofo,  escritor y pedagogo Colombiano aborda  a partir del análisis psicoanalítico de Freud, temas como la sexualidad, la teoría del inconsciente, la fenomenología, la teoría del sujeto, el complejo de Edipo, el narcisismo, la histeria, la obsesión y el psicosis, abordando   a partir  de la página 87, la depresión, el duelo y la culpa, en este primer análisis y  a partir de una exigencia  académica  nos enfocaremos en  la depresión y el duelo, no sin antes precisar  el contenido político de  dicho libro, su confrontación con el sistema, con el capitalismo, es decir, es un escrito abordado desde lo psicológico, los social y lo  político.
En su  obra  Estanislao Zuleta hace una clara separación  entre lo que es duelo y depresión, ya que estos  términos no se refieren  a lo mismo, el duelo es la permanente perdida  que sufre el hombre en su proceso evolutivo, en su desarrollo, para Zuleta  todo es duelo,  desde el nacimiento  hasta la llegada  de la  vejez, el duelo es un conjunto  de hechos vivenciales, de las elecciones  que las personas  hacen  en la vida, desde la escogencia de la pareja hasta  la decisión  de elegir una u otra profesión u oficio, así como  la perdida  de los amigos, todo es duelo, porque es natural a la vida, nada es eterno, siempre viviremos en duelo.
Al abordar la depresión en lo individual, se analiza  que este sujeto pierde  en si la referencia  de vida, no encuentra la salida a sus problemas, cree  que todo está perdido, se refugia en sí  mismo, mientras  en la depresión colectiva, el sujeto  se refugia en el grupo, se identifica  con él  y hace suyo todo lo que  le rodea  a este, se identifica con su pensar y comparte sus miedos.
Al abordar estos temas, Estanislao Zuleta hace referencia  a diversos estudios  de escritores  y estudiosos, en el   aborda  todo el complejo  tramado  del pensamiento del hombre y con ello  de sus sentimientos  e interioridades, aun viéndolos  desde  lo colectivo  requiere  de permanente análisis  y en muchas ocasiones  lo individual  se queda  en el  proceso y vivencia de cada ser  mientras  en lo colectivo  es el hombre  el que se lleva  sus miedos y depresiones  hacia el grupo, donde se fortalece y lo comparte  con otros seres  y en este caso  se ve como ejemplo  el del caudillismo, donde el colectivo  vuelca  toda su presión  hacia una persona la cual espera los “libere”.

En lo individual la pregunta  que surge del texto  nos  lleva a preguntar Que motiva  al hombre a llegar  a ciertas acciones? Por qué asesina? Por qué motivos  escoge a sus víctimas? Que lo lleva a esto? Que en no pocas  ocasiones  pueden llegar a ser  sus seres queridos, la madre, la esposa, los hijos ¿Por qué  cometido  el hecho?  Y  después  se arrepiente  de sus acciones, comprende, entiende por qué lo hizo?, así mismo podría surgir la pregunta, que influencia tiene la sociedad en sus decisiones? Son las exigencias del colectivo lo que lo lleva fortalecer una decisión? Es el no poder “cumplir” con los requerimientos que le hace  la sociedad lo que lo determina? La sociedad competitiva, acorrala al hombre?.

martes, 2 de agosto de 2016

La postura corporal podría influir en nuestras decisiones


En oportunidades como entrevistas laborales o reuniones importantes solemos desestimar un detalle fundamental en muchos casos: la postura corporal.
De hecho, un lenguaje del cuerpo incorrecto o la lectura equivocada de una situación pueden determinar que no obtengamos un trabajo, se desestime una propuesta realizada o el aumento de sueldo deseado quede encarpetado para otro momento.
Por esta razón, la ciencia le prestó atención a esta cuestión y buscó entender de qué manera las modificaciones en la postura corporal generan réplicas en el cerebro mediante las cuales se alterarían las emociones y los sentimientos.
¿Nos mostramos del mismo modo cuándo estamos contentos que si nos sentimos tristes? La respuesta obviamente es no. De hecho, cuando nos sentimos de buen humor y pletóricos caminamos derechos y abiertos, mientras que si la tristeza gobierna nuestro estado de ánimo nos desplazamos como "pollitos mojados" y cerrados, intentando que nuestra presencia pase desapercibida.
Una investigación publicada en la revista Psicological Science mostró cómo influye la postura a la hora de tomar decisiones. Para realizar el trabajo, los participantes elegidos se dividieron en dos grupos. Uno debía lucir un aspecto de “poder alto”, es decir, estar erguidos y abiertos, mientras que el otro todo lo contario: necesitaba una postura de “bajo poder” más sumisa, cerrada y con tendencia a ocupar menos espacio.
Luego de dos minutos de haber mostrado las distintas actitudes, los científicos les preguntaron a los implicados cómo se habían sentido y los invitaron a sumarse en actividades que implicaban apuestas. Además, les tomaron muestras de saliva.
Cómo se esperaba, quienes debieron exhibir un tono emocional más elevado se mostraron más confiados y poderosos luego de la experiencia, al mismo tiempo que arriesgaron más a la hora de apostar.
“Dos minutos en una postura corporal pueden generar cambios hormonales que configuran el cerebro para hacerlo positivo y cómodo o muy sujeto al estrés. Las expresiones no verbales pueden regir cómo nos vemos y mostramos”, aseguró la autora del trabajo y psicóloga social Amy Cuddy.
¿Por qué se produjo esta reacción en este grupo de individuos? La secreción de testosterona (característica en posturas dominantes) y los niveles más bajos de cortisol (hormona que producimos en situaciones de estrés) serían los culpables de las respuestas de unos y otros.
A partir de esto, si debemos afrontar una situación para la cual necesitamos estar plenos, tolerantes y menos nerviosos bastaría con modificar la postura corporal. También es importante acompañar esto con una sonrisa: el humor es otra clave cuando es necesario sentirse mejor.

martes, 14 de junio de 2016

Estrés es tres



Dos vecinas conversan mientras intento leer el periódico en el balcón. “Ella lo que tiene es tremendo estrés con ese marido y el trabajo que tiene”, dice una. La hija del vecino de los altos tiene granitos en la cara: “es el estrés, esa carrera la tiene muy estresada” diagnostica su madre.
Todo el mundo habla del estrés. Todo el mundo diagnostica el estrés y se se auto diagnostica estrés. Todo el mundo está estresado. Parece una epidemia. Pero ¿saben qué es realmente el estrés? ¿Acaso una una enfermedad? Más importante ¿es posible vivir sin estrés? Y aún más, al fundamento ¿es deseable vivir sin estrés?
Estrés significa tensión
Cuando János Hugo Bruno Selye llegó a la Universidad de McGill en Montreal en 1931, era solo un joven médico húngaro, nacido en Viena y graduado en Praga en 1929.  Aunque contaba apenas 25 años y un currículum aún en blanco, traía consigo una idea. Selye, renombrado Hans por el resto de su vida, había observado que muchos enfermos de diversas enfermedades compartían una serie de rasgos comunes; algo así como la enfermedad de estar enfermo.
En McGill el joven Selye pudo iniciar experimentos en modelos animales en busca de respuestas a sus observaciones.Cinco años después publicó sus primeros resultados en la revista Nature. Es una de las paradojas de la ciencia que el artículo que abriría una de las páginas más prolíficas y populares de la Fisiología moderna fuera una contribución tan breve, brevísima, apenas una cuartilla y tan escueta que, estoy convencido, ninguna revista científica seria lo hubiese publicado hoy, considerando los altos estándares que se exigen, pero era 1936 y Nature era Nature aunque todavía no era Nature.
Comienza diciendo el texto: “Experimentos en ratas muestran que si el organismo es dañado severamente por agentes nocivos inespecíficos y agudos tales como la exposición al frio, heridas quirúrgicas, producción de choque espinal (transección medular) ejercicio muscular excesivo, o intoxicaciones con dosis subletales de diversas drogas (adrenalina, atropina, morfina, formaldehido, etc.) aparece un síndrome típico, cuyos síntomas son independientes de la naturaleza del agente dañino o el tipo de droga farmacológica empleada y en su lugar representa una respuesta al daño en sí”. No hay otra descripción de los métodos empleados. Frio ¿A qué temperatura? ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuántas sesiones? Drogas ¿En qué dosis? ¿Disueltas en qué vehículo? ¿Por cuál vía de administración? Son solo algunas de las preguntas que cualquier árbitro hubiera enviado a Selye en su evaluación.
Igualmente ausente del documento estaba cualquier descripción de los métodos empleados para constatar los daños cuyo reporte incluía durante las primeras 48 horas: disminución de tamaño del timo, el bazo, el tejido linfoide y el hígado, pérdida de tono muscular, disminución de la temperatura corporal, lesiones erosivas en el tracto digestivo.
En días siguientes notaba: aumento de tamaño de las glándulas suprarrenales, hiperplasia tiroidea, reducción del crecimiento corporal y atrofia de las gónadas. Si se mantenía la acción del agente agresor por más tiempo los animales aparentemente retornaban a la normalidad, pero de mantenerse la agresión por más de uno o tres meses (dependiendo de la intensidad del agresor) los animales perdían la resistencia y sucumbían con signos similares a los descritos en la primera fase.
Selye interpretaba esos resultados argumentando que “consideramos la primera fase sea la expresión de una alarma general del organismo cuando es confrontado de repente con una situación crítica, a la que llamamos por tanto ´reacción de alarma general´. Por cuanto el síndrome en su conjunto parece representar un esfuerzo generalizado del organismo de adaptarse a las nuevas condiciones puede ser denominado ´síndrome de adaptación general´.
El hoy tan popular término: estrés (castellanismo del inglés stress) no apareció en estos predios fisiológicos hasta 1950, cuando Selye publicó la primera monografía sobre el asunto,  y prendió rápidamente en la comunidad científica y el público en general.
Stress significa tensión. Un término importado de la Física y la tecnología de materiales, pero que se ajustaba muy bien a este nuevo sentido metafórico: tensión fisiológica o mental, tensión que provocaba una respuesta de alarma generalizada en el organismo, un esfuerzo por resistir y adaptarse a esa agresión. El propio Selye confesó después que el término que debió haber empleado era strain(esfuerzo), pero ya stress se había popularizado al punto de la irreversibilidad, tanto que nosotros, hispanoparlantes, nos sentimos obligados a introducir una nueva palabra en nuestra lengua: estrés, olvidando que desde siempre hemos tenido el equivalente, claro e inambiguo: tensión. Pero, como ha pasado tantas otras veces, la palabreja ya está tan arraigada que no hay modo. Estrés fue y estrés será, a pesar de las ambiguedades conceptuales que introduce.
Si bien desde el punto de vista fisiológico es claro que el término estrés se refiere a la reacción del organismo, a veces se asume erróneamente que el estrés radica en la situación que lo genera. A estas le llamamos hoy estresores o agentes estresantes, pero la distinción es clave, porque no siempre dos individuos reaccionaran con estrés ante una misma situación.
Una rata de laboratorio que se saca de su caja de habitación y se coloca en un sitio que nunca antes ha visitado mostrará una clara reacción de estrés, muy diferente a la de un animal idéntico pero que ya conoce el lugar y sabe que está libre de peligros. De la misma forma, una persona que se enfrenta por primera vez a un auditorio, digamos para impartir una clase o conferencia, se sentirá muy estresado, cosa que ya no le ocurre a un veterano profesor. De modo que, al hablar de estrés, hay que tener siempre presente que no está en la situación por sí misma, sino en la forma en que el individuo reacciona ante ella. El estrés es el efecto, el resultado, no la causa.
El nuevo concepto establecía un nexo crucial entre disciplinas aparentemente independientes como la Fisiología y la Medicina de una parte y la Psicología de otra, y constituía una extensión de lo que otro gran fisiólogo, Walter B. Cannon, había descubierto y descrito como reacción de alarma, más conocida en inglés como fight or flight reaction; es decir: lucha o corre.
Cannon introdujo además otro concepto clave en Fisiología: la homeostasis, la constancia del medio interno, esa especie de mar interior en que viven nuestras células, y cuya temperatura, pH y composición son estrechamente regulados por diversos mecanismos fisiológicos. De este modo se alcanza una verdadera comprensión global del organismo, de la molécula a la psiquis, que nos permite entender cómo un trastorno que afecta nuestro medio interno afecta nuestra mente y, viceversa, cómo factores psicológicos y emocionales influyen sobre el funcionamiento de los órganos internos. Una concepción holística, me sugerirán algunos, pero prefiero mantenerme distante de este otro neocastellanismo tan cargado de matices pseudocientíficos. En todo caso, una verdadera concepción holística, asentada firmemente en la ciencia real.
Relojería de la tensión o los mecanismos del estrés
El primer “actor” identificado en la compleja maquinaria que conduce a las reacciones típicas del estrés,  o los primeros, porque son varios de un tipo, fueron los esteroides suprarrenales.
Estas hormonas tienen profundos y diversos efectos metabólicos que afectan a una variedad de tejidos corporales. Sobre el tejido adiposo, los esteroides suprarrenales tienen un efecto movilizador de las grasas allí almacenadas. Sobre el tejido muscular y linfoide, su acción moviliza aminoácidos incorporados a las proteínas. Ambos efectos combinados aportan “combustible” al metabolismo energético, preservando la glucosa, lo que explica su acción hiperglucemiante y diabetógena,  y justifica además que hayan sido llamados así: glucocorticoides. Tienen además dos efectos adicionales que han convertido a los glucocorticoides en las hormonas más empleadas en la práctica médica y las únicas que se emplean para tratar alteraciones no derivadas de su deficiencia: su acción inmunosupresora y antinflamatoria.
Aún hoy, si queremos afirmar que un animal o una persona se encuentra indudablemente en estrés, hay que comprobar si sus niveles circulantes de cortisol se encuentran elevados significativamente por encima de sus valores normales. Los glucocorticoides se producen en la corteza de las glándulas suprarrenales.
No es casual que en la región medular de la misma glándula se produzca otra de las hormonas del estrés: la adrenalina, responsable de muchas de las reacciones típicas de la reacción de alarma descrita por Cannon, y que es parte esencial de las reacciones de estrés: liberación de glucosa desde el hígado, dilatación pupilar, relajación de la musculatura bronquiolar, vasoconstricción generalizada, taquicardia, reducción de la secreción salivar y aumento de la sudoración axilar, palmar y plantar. Del conjunto de reacciones provocadas por glucocorticoides y adrenalina se derivan cambios que evidentemente preparan y capacitan al individuo para responder a retos extraordinarios con acciones extraordinarias.
Disponer de glucosa y otros compuestos energéticos (como los ácidos grasos) es, sin dudas, un aporte valiosísimo cuando es necesario correr, saltar o luchar. La dilatación pupilar mejora la visión nocturna; la dilatación bronquiolar reduce la resistencia al flujo de aire en las vías aéreas; la vasoconstricción generalizada acrecienta el ingreso de sangre venosa al corazón y el aumento de frecuencia y fuerza de las contracciones cardiacas la distribuye a los músculos mejorando el aporte de oxígeno y nutrientes. Todos esos cambios nos convierten en un “animal” dispuesto a la hazaña.
Otros no tienen una relación clara con alguna ventaja. Que se nos seque la boca y se nos dificulte hasta articular las palabras es una desagradable experiencia que casi todos hemos experimentado alguna vez, aunque resulte difícil atribuirle algún valor adaptativo. El sudor de manos y pies resulta igualmente difícil de evaluar, aunque el sudor axilar, con su muy característico, fuerte y desagradable olor pudiera convertirnos de repente en una presa menos apetecible.
La actividad de la médula suprarrenal es controlada por el sistema nervioso en su división simpática mientras que la corteza suprarrenal es controlada por una hormona producida en la porción anterior de la glándula hipófisis, la llamada hormona adrenocorticotropa (ACTH por sus siglas en inglés).
La hipófisis es una glándula especial por una razón: cuando una glándula endocrina cualquiera es extirpada de su ubicación anatómica normal y transferida a otro lugar del cuerpo, seguirá funcionando perfectamente siempre que se garantice un adecuado riego sanguíneo. Sin embargo, no ocurre así con la hipófisis. Esta singularidad fue resuelta cuando se descubrió que las funciones secretoras de la hipófisis son, a su vez, controladas por sustancias producidas por neuronas del hipotálamo en la región basal del encéfalo y de donde “cuelga” la hipófisis. Estas sustancias, fueron inicialmente llamadas factores de liberación, pero la demostración de que son transportadas desde el hipotálamo hasta la hipófisis por vía sanguínea fue crucial para que se les considerase como lo que realmente son: verdaderas hormonas.
El descubrimiento y aislamiento de estas hormonas de liberación le valió a Roger Guillemin, un discípulo de Selye, el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1977. En el sitio web de los Nobel (Nobelprize.org) la autobiografía de Guillemin cuenta:
“Un día me enteré que Hans Selye daría una conferencia en París sobre su reacción de alarma y la endocrinología del síndrome de adaptación general. Fui a escucharlo. El magnetismo del hombre era extraordinario. Fui a hablar con él después de una de sus conferencias. Unos meses después me encontraba en el recién creado por Selye Instituto de Medicina Experimental y Cirugía en la Universidad de Montreal con una modesta beca de los fondos de Selye”.
Aislar y caracterizar esas nuevas hormonas no fue tarea sencilla. Su  concentración es muy baja, ya que disponen de un sistema particular de “entrega inmediata” a través de un eficiente micro-sistema vascular (llamado sistema porta hipotalámico-hipofisario) que las conduce directamente desde el productor al blanco.
En su conferencia al recibir el Nobel, Guillemin recordó que él y sus colegas tuvieron que procesar las hipófisis de 300 mil ovejas para aislar apenas 1 mg de la primera hormona liberadora hipotalámica identificada: la TRH (del inglés tirotrophin releasing hormone) que controla la secreción de tirotrofina, la hormona hipofisaria que regula la función del tiroides. Había nacido la Neuroendocrinología.
Otra de estas hormonas liberadoras, la CRH (hormona liberadora de corticotropina) resultó ser una pieza clave en la maquinería (perdón por el neologismo) del estrés. La CRH estimula la secreción de ACTH y esta, a su vez la de glucococticoides. Este conjunto de hormonas y estructuras forman el llamado eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y opera bajo el principio de la retroacción negativa: un alto nivel circulante de glucocorticoides disminuye la secreción de CRH y de ACTH, mientras que cuando bajan los esteroides adrenales en sangre el sistema reacciona de modo opuesto. Estos mecanismos de retroacción negativa son omnipresentes en Fisiología y contribuyen de manera muy evidente a la homeostasis.
La CRH se produce en el hipotálamo, una pequeña, pero esencial región en la base del cerebro. Inmediatamente debajo de ella se localiza la hipófisis y a través del tallo que las comunica los capilares portales hacen llegar la CRH (y vasopresina) a las células que producen y liberan la ACTH.  Pero además de ese eje “hacia abajo” la CRH también ejerce funciones sobre otras regiones del cerebro que se encargan de orquestar otra serie de componentes del estrés. En particular la región conocida como amígdala cerebral (sobre esto más en “Te odio y te quiero. El fascinante mundo de los afectos”) posee receptores al CRH que modifican la función de esta y otras estructuras cerebrales como el hipocampo y los núcleos del tronco encefálico, como el locus coeruleus que provee inervación adrenérgica al resto del cerebro; añadiendo componentes fisiológicos ya descritos y también psicológicos tales como ansiedad, irritabilidad, miedo e insomnio, entre otras.
Evaluando el riesgo
Hemos descrito hasta ahora los mecanismos y los cambios que caracterizan al estrés, pero para comprender este complejo proceso fisiológico debemos conocer también cómo nuestra mente descubre la necesidad de despertar esa especie de genio de la lámpara que es la CRH.
En ese sentido nuestro sistema nervioso actúa como una especie de mecanismo de evaluación de riesgo detectando e identificando, a partir de la información sensorial y la experiencia acumulada, situaciones potencialmente peligrosas que pudieran requerir una respuesta extraordinaria. El peligro no tiene que ser real, el león no tiene que estar ahí, el riesgo puede ser solo posible. Tampoco tiene que tratarse de una amenaza directa para la vida, basta con que introduzca suficiente incertidumbre, inseguridad o temor al fracaso. Obviamente el estrés es un mecanismo de anticipación, digamos un “por si acaso” psicofisiológico.
Nuestro “Anderson Consulting” cerebral implica de modo especial la función coordinada de tres estructuras cerebrales muy bien interconectadas: la corteza prefrontal, la amígdala y el hipocampo. Todas ellas reciben amplia información de las regiones corticales que generan sensaciones y percepciones y cada una debe aportar elementos esenciales en la evaluación. Aunque es difícil afirmarlo con certeza, las evidencias disponibles sugieren que el hipocampo puede contribuir con la memoria contextual, que identifica los sitios (nuevos o conocidos) y los peligros eventualmente asociados a ellos. La amígdala posiblemente establece la valencia afectiva de la situación (bueno, malo o potencialmente malo) y desencadena las reacciones fisiológicas del estrés mientras que la corteza prefrontal, se especula, introduce asociaciones entre pistas y amenazas basadas en la experiencia previa del sujeto.
El bueno, el malo y… los demás
Visto así, el estrés es un valioso mecanismo de adaptación general. Selye lo concibió desde una perspectiva médica y hoy podemos entenderlo también de ese modo en un marco evolutivo. Anticiparse al peligro, prepararse para el combate antes de que aparezca el enemigo, pueden significar en muchas ocasiones la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre la vida y la muerte. Por eso el estrés es una respuesta conservada y útil en términos adaptativos. Y es más, es una herramienta imprescindible para crecer en la vida, para aprender a evaluar posibilidades, para enfrentar adversidades y vencer. Este tipo de estrés fisiológico o eustress (literalmente el buen estrés) no solo es inevitable, también es necesario para el desarrollo de nuestras potencialidades físicas y mentales.
Un poco de estrés no te hace daño. Los seres humanos, sobre todo aquellos que viven en ambientes sobreprotectores, buscan a veces ese poco de estrés en entretenimientos peligrosos y miedos provocados; desde escalar montañas hasta sufrir con películas de horror (¡querido Boris Karloff!).
Pero la situación cambia radicalmente cuando el estrés, físico o psicológico, se prolonga y se torna crónico. Como advertía el propio Selye en su primera comunicación sobre el tema, entonces el organismo sucumbe ante el reto y asoma el rostro malo del feo (o el rostro feo del malo): el distress. El estrés crónico tiene consecuencias plurales, y afecta a todos los órganos y funciones que resultan activados por el estrés. Se resiente el sistema inmune, el páncreas fracasa y aparece la diabetes, los músculos y hasta los huesos se debilitan. De otra parte, ansiedad, trastornos del sueño y depresión nerviosa caracterizan a esta lacerante situación de estrés prolongado. Hay evidencias sólidas de que el estrés crónico en la infancia tiene consecuencias negativas a largo término sobre la salud mental y física de los adultos.
¿De cuantas cosas es culpable el estrés? Probablemente de muchas, pero tal vez no de tantas como hoy se discurre. En un campo tan diverso como el de las relaciones mente-cuerpo caben especulaciones exageradas, como aquellas que condujeron al desquiciado Hamer y sus seguidores de la Nueva Medicina Germana y la Biodescodificación a considerarlo la causa primaria de toda enfermedad. Ponerlo en su perspectiva real seguirá siendo una tarea de primer orden de la Fisiología actual.
Han botado basura en mi verde jardín…
Cuando Hans Selye falleció en 1982, dejó un legado de consagración al trabajo difícil de igualar. Trabajador de siete días a la semana, doce horas al día (incluyendo feriados) fue autor o co-autor de más de 1500 artículos científicos, 32 libros de su sola autoría y líder fundador de toda una nueva rama de la Fisiología: la Neuroendocrinología, a partir de sus investigaciones sobre el estrés. Por todo ello fue exaltado al Salón Canadiense de la Fama en Medicina.  Documentos desclasificados del Comité Nobel permiten conocer que aun cuando nunca obtuvo el premio fue nominado diez veces. Según el testimonio de colaboradores y discípulos sus grandes éxitos científicos no modificaron su carácter, siempre amable y humilde.
Pero antes de que coloquemos el aura de santidad a este infatigable luchador por la ciencia hay que saber que este Dr. Jekkyl tuvo, como todo humano, su Mr. Hyde.
El análisis de documentos internos de la poderosa industria norteamericana del tabaco han permitido establecer que durante muchos años Selye recibió importantes sumas de dinero de dicha industria a cambio de “ciertas prestaciones”, hechos que arrojan una mancha de infamia sobre su memoria.
Las relaciones comenzaron en 1958 cuando Selye hizo llegar a la American Tobacco Company una solicitud de fondos para financiar sus investigaciones, una práctica muy común ayer y hoy. La investigación científica es muy cara y no siempre los fondos que asigna el estado son suficientes para sustentarla. La petición de Selye fue denegada, pero al año siguiente un abogado representante de la compañía le escribió pidiéndole un escrito argumentando que la relación estadística entre el hábito de fumar y el cáncer no era una prueba de causalidad. Selye aceptó escribir un memorando pero no a testificar en corte. Por el encargo recibió mil dólares.
A partir de ahí la relación se profundizó y los pagos aumentaron. La industria estaba muy interesada en obtener argumentos para contrarrestar la campaña de opinión pública desatada por autoridades sanitarias y organizaciones sociales contra el tabaco. Selye se los proporcionó: una relación estadística no es causal hasta que se conozca el mecanismo, el consumo de tabaco es menos dañino que el estrés, las campañas públicas contra el fumar generan miedo y, por tanto, más estrés, y más aún el consumo recreacional de tabaco, tiene un efecto relajante y anti-estrés que previene daños a la salud.

Selye era él mismo un fumador de pipa. Es muy probable que también estuviera convencido de los argumentos que ofreció a las compañías cigarreras, pero es bochornosamente cierto que a partir de ese primer contacto Selye recibió de ellas cantidades crecientes de fondos, que alcanzaron los cientos de miles de dólares, los cuales utilizó para mantener funcionando e investigando el Instituto Internacional del Estrés en Montreal y la Fundación Hans Selye. Ambos fundados por él tras su retiro en 1977. Como mencionamos antes, uno de sus discípulos: Roger Guillemin, obtuvo en 1977 el premio Nobel, tal vez financiado a partir de fondos procedentes de esta relación con la industria del humo.
¿Cuál es el legado de Hans Selye? ¿Sus notables aportes a la ciencia? ¿Su claudicación ante el vil metal de una industria poderosa? El concepto y los mecanismos del estrés son una contribución enorme a la comprensión de la fisiología y la fisiopatología. Eso trasciende y va más allá de esos “pequeños pecadores consuetudinarios” (es decir, nosotros mismos) que las descubren. Con respecto a la infamia, prefiero pensar que Selye fue más una víctima del sistema que un desalmado ambicioso. Un buscador de verdades, aun al precio de su alma. Si ya lo dijo Don Francisco:
Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Sin embargo, lo importante al considerar las lecciones de hechos semejantes es que la validez de una ley, una teoría o de un resultado de una investigación científica, es total y absolutamente independiente de las virtudes o perversiones de quienes lo descubrieron. Newton era un arribista, egoísta y tramposo, pero las manzanas siguen cayendo en los prados y no en las nubes; Galileo cedió temeroso ante las presiones eclesiásticas y sin embargo…
Selye sucumbió a las tentaciones del capitalismo taimado, pero el estrés sigue siendo parte de nuestra vida, de nuestra salud y de nuestra enfermedad.
Bibliografía
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