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viernes, 10 de enero de 2020

#HumanidadYPsicologia HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL EN #COLOMBIA

HISTORIA DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL EN COLOMBIA Presentamos un breve resúmen del documental titulado "Aproximación al desarrollo histórico de la Psicología Social en Colombia".


https://youtu.be/avj7gUY7f2k

domingo, 5 de febrero de 2017

¿Qué es la Psicología Comunitaria?



¿Qué es la Psicología Comunitaria?

 La psicología comunitaria va más allá de un enfoque individual psicológico e integra las influencias sociales, culturales, económicas, políticas y ambientales para promover un cambio positivo en la salud mental a nivel individual y sistémico. La Psicología comunitaria es un área de especialidad que se ocupa de cómo los individuos se relacionan con la sociedad. ¿Alguna vez piensa en cómo los problemas de la comunidad pueden afectar a la salud y el bienestar de los individuos? O ¿Se ha preguntado alguna vez cómo la gente puede convertirse en un contribuyente más activo para su comunidad?. Estos son los dos principales temas de interés dentro del campo de la psicología comunitaria.

Este es un tema bastante amplio dentro de la psicología, ya que trabaja con conocimientos de otras disciplinas incluyendo la sociología, las ciencias políticas, la salud pública, la psicología transcultural y la psicología social. Los psicólogos que trabajan en este campo estudian la vida cultural, económica, social, política y ambiental y la forma que éstas tienen de influir en las vidas de personas en todo el mundo.

El enfoque de la psicología comunitaria puede ser a la vez teórica y aplicada, pero es a menudo una mezcla de ambas. Mientras que algunos psicólogos comunitarios realizan investigaciones sobre cuestiones teóricas, otros toman esta información y la utilizan para identificar problemas y desarrollar soluciones dentro de las comunidades.

Lo que es y lo que no es la psicología comunitaria

Puede ser útil para describir la psicología comunitaria distinguirla de otras disciplinas con las que es afín. Por ejemplo, la Psicología comunitaria es parecida a la psicología clínica y de la salud mental, pero enfocada en la comunidad y en su orientación a la acción. Es decir, la psicología comunitaria tiene como objetivo promover el bienestar humano. Aunque la psicología comunitaria surgió en gran medida con la intención de localizar problemas de salud mental dentro del individuo, los psicólogos comunitarios son más propensos a ver las amenazas a la salud mental en el entorno social, o en la falta de ajuste entre los individuos y su entorno. Por lo general abogan por el cambio social, más que el cambio individual. Se centran en la salud y no en la enfermedad, y en la mejora de las competencias individuales y comunitarias.
La Psicología comunitaria es como la salud pública en la integración de una orientación preventiva. Es decir, los psicólogos comunitarios tratan de prevenir los problemas antes de que aparezcan, en lugar de esperar a que se vuelvan graves y debilitantes. Pero la psicología comunitaria difiere de la salud pública en que su preocupación es principalmente la salud mental, las instituciones sociales y la calidad de vida en general. En muchos sentidos, la psicología comunitaria es como trabajo social, excepto por que tiene una orientación de investigación muy importante. Los psicólogos comunitarios están comprometidos con la idea de que no hay nada más práctico que una investigación rigurosa, bien concebido dirigida a los problemas sociales.

La Psicología comunitaria es como la psicología social con la adopción de un enfoque de grupo o sistémico hacia la conducta humana. Se preocupa del uso de los conocimientos psicológicos para resolver  los problemas sociales. Toma prestadas muchas técnicas de la industria y la psicología de las organizaciones, aunque tiende a hacer frente a las organizaciones desde el enfoque comunitario, como los sistemas de suministro de servicios humanos y redes de apoyo. Además, se centra de forma simultánea en los problemas de los clientes y los trabajadores en lugar de únicamente los objetivos y valores de gestión. Tiene que ver con cuestiones de regulación y control, y con la mejora de las características positivas y las habilidades de los grupos sociales relativamente sin poder, como las minorías, los niños y los ancianos de tolerancia social.

¿De qué trabajan los psicólogos comunitarios?
 
 Dependiendo de la formación, experiencia y preferencias, los psicólogos de la comunidad pueden trabajar como educadores, profesores, directores de programas, consultores, desarrolladores de políticas, evaluadores, también como investigadores en las organizaciones, como asesores en universidades, agencias gubernamentales y, por supuesto, en las comunidades para promover la salud mental y el bienestar de la comunidad.

  fuente: http://www.blogdepsicologia.com/que-es-la-psicologia-comunitaria/

martes, 14 de junio de 2016

Estrés es tres



Dos vecinas conversan mientras intento leer el periódico en el balcón. “Ella lo que tiene es tremendo estrés con ese marido y el trabajo que tiene”, dice una. La hija del vecino de los altos tiene granitos en la cara: “es el estrés, esa carrera la tiene muy estresada” diagnostica su madre.
Todo el mundo habla del estrés. Todo el mundo diagnostica el estrés y se se auto diagnostica estrés. Todo el mundo está estresado. Parece una epidemia. Pero ¿saben qué es realmente el estrés? ¿Acaso una una enfermedad? Más importante ¿es posible vivir sin estrés? Y aún más, al fundamento ¿es deseable vivir sin estrés?
Estrés significa tensión
Cuando János Hugo Bruno Selye llegó a la Universidad de McGill en Montreal en 1931, era solo un joven médico húngaro, nacido en Viena y graduado en Praga en 1929.  Aunque contaba apenas 25 años y un currículum aún en blanco, traía consigo una idea. Selye, renombrado Hans por el resto de su vida, había observado que muchos enfermos de diversas enfermedades compartían una serie de rasgos comunes; algo así como la enfermedad de estar enfermo.
En McGill el joven Selye pudo iniciar experimentos en modelos animales en busca de respuestas a sus observaciones.Cinco años después publicó sus primeros resultados en la revista Nature. Es una de las paradojas de la ciencia que el artículo que abriría una de las páginas más prolíficas y populares de la Fisiología moderna fuera una contribución tan breve, brevísima, apenas una cuartilla y tan escueta que, estoy convencido, ninguna revista científica seria lo hubiese publicado hoy, considerando los altos estándares que se exigen, pero era 1936 y Nature era Nature aunque todavía no era Nature.
Comienza diciendo el texto: “Experimentos en ratas muestran que si el organismo es dañado severamente por agentes nocivos inespecíficos y agudos tales como la exposición al frio, heridas quirúrgicas, producción de choque espinal (transección medular) ejercicio muscular excesivo, o intoxicaciones con dosis subletales de diversas drogas (adrenalina, atropina, morfina, formaldehido, etc.) aparece un síndrome típico, cuyos síntomas son independientes de la naturaleza del agente dañino o el tipo de droga farmacológica empleada y en su lugar representa una respuesta al daño en sí”. No hay otra descripción de los métodos empleados. Frio ¿A qué temperatura? ¿Por cuánto tiempo? ¿Cuántas sesiones? Drogas ¿En qué dosis? ¿Disueltas en qué vehículo? ¿Por cuál vía de administración? Son solo algunas de las preguntas que cualquier árbitro hubiera enviado a Selye en su evaluación.
Igualmente ausente del documento estaba cualquier descripción de los métodos empleados para constatar los daños cuyo reporte incluía durante las primeras 48 horas: disminución de tamaño del timo, el bazo, el tejido linfoide y el hígado, pérdida de tono muscular, disminución de la temperatura corporal, lesiones erosivas en el tracto digestivo.
En días siguientes notaba: aumento de tamaño de las glándulas suprarrenales, hiperplasia tiroidea, reducción del crecimiento corporal y atrofia de las gónadas. Si se mantenía la acción del agente agresor por más tiempo los animales aparentemente retornaban a la normalidad, pero de mantenerse la agresión por más de uno o tres meses (dependiendo de la intensidad del agresor) los animales perdían la resistencia y sucumbían con signos similares a los descritos en la primera fase.
Selye interpretaba esos resultados argumentando que “consideramos la primera fase sea la expresión de una alarma general del organismo cuando es confrontado de repente con una situación crítica, a la que llamamos por tanto ´reacción de alarma general´. Por cuanto el síndrome en su conjunto parece representar un esfuerzo generalizado del organismo de adaptarse a las nuevas condiciones puede ser denominado ´síndrome de adaptación general´.
El hoy tan popular término: estrés (castellanismo del inglés stress) no apareció en estos predios fisiológicos hasta 1950, cuando Selye publicó la primera monografía sobre el asunto,  y prendió rápidamente en la comunidad científica y el público en general.
Stress significa tensión. Un término importado de la Física y la tecnología de materiales, pero que se ajustaba muy bien a este nuevo sentido metafórico: tensión fisiológica o mental, tensión que provocaba una respuesta de alarma generalizada en el organismo, un esfuerzo por resistir y adaptarse a esa agresión. El propio Selye confesó después que el término que debió haber empleado era strain(esfuerzo), pero ya stress se había popularizado al punto de la irreversibilidad, tanto que nosotros, hispanoparlantes, nos sentimos obligados a introducir una nueva palabra en nuestra lengua: estrés, olvidando que desde siempre hemos tenido el equivalente, claro e inambiguo: tensión. Pero, como ha pasado tantas otras veces, la palabreja ya está tan arraigada que no hay modo. Estrés fue y estrés será, a pesar de las ambiguedades conceptuales que introduce.
Si bien desde el punto de vista fisiológico es claro que el término estrés se refiere a la reacción del organismo, a veces se asume erróneamente que el estrés radica en la situación que lo genera. A estas le llamamos hoy estresores o agentes estresantes, pero la distinción es clave, porque no siempre dos individuos reaccionaran con estrés ante una misma situación.
Una rata de laboratorio que se saca de su caja de habitación y se coloca en un sitio que nunca antes ha visitado mostrará una clara reacción de estrés, muy diferente a la de un animal idéntico pero que ya conoce el lugar y sabe que está libre de peligros. De la misma forma, una persona que se enfrenta por primera vez a un auditorio, digamos para impartir una clase o conferencia, se sentirá muy estresado, cosa que ya no le ocurre a un veterano profesor. De modo que, al hablar de estrés, hay que tener siempre presente que no está en la situación por sí misma, sino en la forma en que el individuo reacciona ante ella. El estrés es el efecto, el resultado, no la causa.
El nuevo concepto establecía un nexo crucial entre disciplinas aparentemente independientes como la Fisiología y la Medicina de una parte y la Psicología de otra, y constituía una extensión de lo que otro gran fisiólogo, Walter B. Cannon, había descubierto y descrito como reacción de alarma, más conocida en inglés como fight or flight reaction; es decir: lucha o corre.
Cannon introdujo además otro concepto clave en Fisiología: la homeostasis, la constancia del medio interno, esa especie de mar interior en que viven nuestras células, y cuya temperatura, pH y composición son estrechamente regulados por diversos mecanismos fisiológicos. De este modo se alcanza una verdadera comprensión global del organismo, de la molécula a la psiquis, que nos permite entender cómo un trastorno que afecta nuestro medio interno afecta nuestra mente y, viceversa, cómo factores psicológicos y emocionales influyen sobre el funcionamiento de los órganos internos. Una concepción holística, me sugerirán algunos, pero prefiero mantenerme distante de este otro neocastellanismo tan cargado de matices pseudocientíficos. En todo caso, una verdadera concepción holística, asentada firmemente en la ciencia real.
Relojería de la tensión o los mecanismos del estrés
El primer “actor” identificado en la compleja maquinaria que conduce a las reacciones típicas del estrés,  o los primeros, porque son varios de un tipo, fueron los esteroides suprarrenales.
Estas hormonas tienen profundos y diversos efectos metabólicos que afectan a una variedad de tejidos corporales. Sobre el tejido adiposo, los esteroides suprarrenales tienen un efecto movilizador de las grasas allí almacenadas. Sobre el tejido muscular y linfoide, su acción moviliza aminoácidos incorporados a las proteínas. Ambos efectos combinados aportan “combustible” al metabolismo energético, preservando la glucosa, lo que explica su acción hiperglucemiante y diabetógena,  y justifica además que hayan sido llamados así: glucocorticoides. Tienen además dos efectos adicionales que han convertido a los glucocorticoides en las hormonas más empleadas en la práctica médica y las únicas que se emplean para tratar alteraciones no derivadas de su deficiencia: su acción inmunosupresora y antinflamatoria.
Aún hoy, si queremos afirmar que un animal o una persona se encuentra indudablemente en estrés, hay que comprobar si sus niveles circulantes de cortisol se encuentran elevados significativamente por encima de sus valores normales. Los glucocorticoides se producen en la corteza de las glándulas suprarrenales.
No es casual que en la región medular de la misma glándula se produzca otra de las hormonas del estrés: la adrenalina, responsable de muchas de las reacciones típicas de la reacción de alarma descrita por Cannon, y que es parte esencial de las reacciones de estrés: liberación de glucosa desde el hígado, dilatación pupilar, relajación de la musculatura bronquiolar, vasoconstricción generalizada, taquicardia, reducción de la secreción salivar y aumento de la sudoración axilar, palmar y plantar. Del conjunto de reacciones provocadas por glucocorticoides y adrenalina se derivan cambios que evidentemente preparan y capacitan al individuo para responder a retos extraordinarios con acciones extraordinarias.
Disponer de glucosa y otros compuestos energéticos (como los ácidos grasos) es, sin dudas, un aporte valiosísimo cuando es necesario correr, saltar o luchar. La dilatación pupilar mejora la visión nocturna; la dilatación bronquiolar reduce la resistencia al flujo de aire en las vías aéreas; la vasoconstricción generalizada acrecienta el ingreso de sangre venosa al corazón y el aumento de frecuencia y fuerza de las contracciones cardiacas la distribuye a los músculos mejorando el aporte de oxígeno y nutrientes. Todos esos cambios nos convierten en un “animal” dispuesto a la hazaña.
Otros no tienen una relación clara con alguna ventaja. Que se nos seque la boca y se nos dificulte hasta articular las palabras es una desagradable experiencia que casi todos hemos experimentado alguna vez, aunque resulte difícil atribuirle algún valor adaptativo. El sudor de manos y pies resulta igualmente difícil de evaluar, aunque el sudor axilar, con su muy característico, fuerte y desagradable olor pudiera convertirnos de repente en una presa menos apetecible.
La actividad de la médula suprarrenal es controlada por el sistema nervioso en su división simpática mientras que la corteza suprarrenal es controlada por una hormona producida en la porción anterior de la glándula hipófisis, la llamada hormona adrenocorticotropa (ACTH por sus siglas en inglés).
La hipófisis es una glándula especial por una razón: cuando una glándula endocrina cualquiera es extirpada de su ubicación anatómica normal y transferida a otro lugar del cuerpo, seguirá funcionando perfectamente siempre que se garantice un adecuado riego sanguíneo. Sin embargo, no ocurre así con la hipófisis. Esta singularidad fue resuelta cuando se descubrió que las funciones secretoras de la hipófisis son, a su vez, controladas por sustancias producidas por neuronas del hipotálamo en la región basal del encéfalo y de donde “cuelga” la hipófisis. Estas sustancias, fueron inicialmente llamadas factores de liberación, pero la demostración de que son transportadas desde el hipotálamo hasta la hipófisis por vía sanguínea fue crucial para que se les considerase como lo que realmente son: verdaderas hormonas.
El descubrimiento y aislamiento de estas hormonas de liberación le valió a Roger Guillemin, un discípulo de Selye, el premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1977. En el sitio web de los Nobel (Nobelprize.org) la autobiografía de Guillemin cuenta:
“Un día me enteré que Hans Selye daría una conferencia en París sobre su reacción de alarma y la endocrinología del síndrome de adaptación general. Fui a escucharlo. El magnetismo del hombre era extraordinario. Fui a hablar con él después de una de sus conferencias. Unos meses después me encontraba en el recién creado por Selye Instituto de Medicina Experimental y Cirugía en la Universidad de Montreal con una modesta beca de los fondos de Selye”.
Aislar y caracterizar esas nuevas hormonas no fue tarea sencilla. Su  concentración es muy baja, ya que disponen de un sistema particular de “entrega inmediata” a través de un eficiente micro-sistema vascular (llamado sistema porta hipotalámico-hipofisario) que las conduce directamente desde el productor al blanco.
En su conferencia al recibir el Nobel, Guillemin recordó que él y sus colegas tuvieron que procesar las hipófisis de 300 mil ovejas para aislar apenas 1 mg de la primera hormona liberadora hipotalámica identificada: la TRH (del inglés tirotrophin releasing hormone) que controla la secreción de tirotrofina, la hormona hipofisaria que regula la función del tiroides. Había nacido la Neuroendocrinología.
Otra de estas hormonas liberadoras, la CRH (hormona liberadora de corticotropina) resultó ser una pieza clave en la maquinería (perdón por el neologismo) del estrés. La CRH estimula la secreción de ACTH y esta, a su vez la de glucococticoides. Este conjunto de hormonas y estructuras forman el llamado eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y opera bajo el principio de la retroacción negativa: un alto nivel circulante de glucocorticoides disminuye la secreción de CRH y de ACTH, mientras que cuando bajan los esteroides adrenales en sangre el sistema reacciona de modo opuesto. Estos mecanismos de retroacción negativa son omnipresentes en Fisiología y contribuyen de manera muy evidente a la homeostasis.
La CRH se produce en el hipotálamo, una pequeña, pero esencial región en la base del cerebro. Inmediatamente debajo de ella se localiza la hipófisis y a través del tallo que las comunica los capilares portales hacen llegar la CRH (y vasopresina) a las células que producen y liberan la ACTH.  Pero además de ese eje “hacia abajo” la CRH también ejerce funciones sobre otras regiones del cerebro que se encargan de orquestar otra serie de componentes del estrés. En particular la región conocida como amígdala cerebral (sobre esto más en “Te odio y te quiero. El fascinante mundo de los afectos”) posee receptores al CRH que modifican la función de esta y otras estructuras cerebrales como el hipocampo y los núcleos del tronco encefálico, como el locus coeruleus que provee inervación adrenérgica al resto del cerebro; añadiendo componentes fisiológicos ya descritos y también psicológicos tales como ansiedad, irritabilidad, miedo e insomnio, entre otras.
Evaluando el riesgo
Hemos descrito hasta ahora los mecanismos y los cambios que caracterizan al estrés, pero para comprender este complejo proceso fisiológico debemos conocer también cómo nuestra mente descubre la necesidad de despertar esa especie de genio de la lámpara que es la CRH.
En ese sentido nuestro sistema nervioso actúa como una especie de mecanismo de evaluación de riesgo detectando e identificando, a partir de la información sensorial y la experiencia acumulada, situaciones potencialmente peligrosas que pudieran requerir una respuesta extraordinaria. El peligro no tiene que ser real, el león no tiene que estar ahí, el riesgo puede ser solo posible. Tampoco tiene que tratarse de una amenaza directa para la vida, basta con que introduzca suficiente incertidumbre, inseguridad o temor al fracaso. Obviamente el estrés es un mecanismo de anticipación, digamos un “por si acaso” psicofisiológico.
Nuestro “Anderson Consulting” cerebral implica de modo especial la función coordinada de tres estructuras cerebrales muy bien interconectadas: la corteza prefrontal, la amígdala y el hipocampo. Todas ellas reciben amplia información de las regiones corticales que generan sensaciones y percepciones y cada una debe aportar elementos esenciales en la evaluación. Aunque es difícil afirmarlo con certeza, las evidencias disponibles sugieren que el hipocampo puede contribuir con la memoria contextual, que identifica los sitios (nuevos o conocidos) y los peligros eventualmente asociados a ellos. La amígdala posiblemente establece la valencia afectiva de la situación (bueno, malo o potencialmente malo) y desencadena las reacciones fisiológicas del estrés mientras que la corteza prefrontal, se especula, introduce asociaciones entre pistas y amenazas basadas en la experiencia previa del sujeto.
El bueno, el malo y… los demás
Visto así, el estrés es un valioso mecanismo de adaptación general. Selye lo concibió desde una perspectiva médica y hoy podemos entenderlo también de ese modo en un marco evolutivo. Anticiparse al peligro, prepararse para el combate antes de que aparezca el enemigo, pueden significar en muchas ocasiones la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre la vida y la muerte. Por eso el estrés es una respuesta conservada y útil en términos adaptativos. Y es más, es una herramienta imprescindible para crecer en la vida, para aprender a evaluar posibilidades, para enfrentar adversidades y vencer. Este tipo de estrés fisiológico o eustress (literalmente el buen estrés) no solo es inevitable, también es necesario para el desarrollo de nuestras potencialidades físicas y mentales.
Un poco de estrés no te hace daño. Los seres humanos, sobre todo aquellos que viven en ambientes sobreprotectores, buscan a veces ese poco de estrés en entretenimientos peligrosos y miedos provocados; desde escalar montañas hasta sufrir con películas de horror (¡querido Boris Karloff!).
Pero la situación cambia radicalmente cuando el estrés, físico o psicológico, se prolonga y se torna crónico. Como advertía el propio Selye en su primera comunicación sobre el tema, entonces el organismo sucumbe ante el reto y asoma el rostro malo del feo (o el rostro feo del malo): el distress. El estrés crónico tiene consecuencias plurales, y afecta a todos los órganos y funciones que resultan activados por el estrés. Se resiente el sistema inmune, el páncreas fracasa y aparece la diabetes, los músculos y hasta los huesos se debilitan. De otra parte, ansiedad, trastornos del sueño y depresión nerviosa caracterizan a esta lacerante situación de estrés prolongado. Hay evidencias sólidas de que el estrés crónico en la infancia tiene consecuencias negativas a largo término sobre la salud mental y física de los adultos.
¿De cuantas cosas es culpable el estrés? Probablemente de muchas, pero tal vez no de tantas como hoy se discurre. En un campo tan diverso como el de las relaciones mente-cuerpo caben especulaciones exageradas, como aquellas que condujeron al desquiciado Hamer y sus seguidores de la Nueva Medicina Germana y la Biodescodificación a considerarlo la causa primaria de toda enfermedad. Ponerlo en su perspectiva real seguirá siendo una tarea de primer orden de la Fisiología actual.
Han botado basura en mi verde jardín…
Cuando Hans Selye falleció en 1982, dejó un legado de consagración al trabajo difícil de igualar. Trabajador de siete días a la semana, doce horas al día (incluyendo feriados) fue autor o co-autor de más de 1500 artículos científicos, 32 libros de su sola autoría y líder fundador de toda una nueva rama de la Fisiología: la Neuroendocrinología, a partir de sus investigaciones sobre el estrés. Por todo ello fue exaltado al Salón Canadiense de la Fama en Medicina.  Documentos desclasificados del Comité Nobel permiten conocer que aun cuando nunca obtuvo el premio fue nominado diez veces. Según el testimonio de colaboradores y discípulos sus grandes éxitos científicos no modificaron su carácter, siempre amable y humilde.
Pero antes de que coloquemos el aura de santidad a este infatigable luchador por la ciencia hay que saber que este Dr. Jekkyl tuvo, como todo humano, su Mr. Hyde.
El análisis de documentos internos de la poderosa industria norteamericana del tabaco han permitido establecer que durante muchos años Selye recibió importantes sumas de dinero de dicha industria a cambio de “ciertas prestaciones”, hechos que arrojan una mancha de infamia sobre su memoria.
Las relaciones comenzaron en 1958 cuando Selye hizo llegar a la American Tobacco Company una solicitud de fondos para financiar sus investigaciones, una práctica muy común ayer y hoy. La investigación científica es muy cara y no siempre los fondos que asigna el estado son suficientes para sustentarla. La petición de Selye fue denegada, pero al año siguiente un abogado representante de la compañía le escribió pidiéndole un escrito argumentando que la relación estadística entre el hábito de fumar y el cáncer no era una prueba de causalidad. Selye aceptó escribir un memorando pero no a testificar en corte. Por el encargo recibió mil dólares.
A partir de ahí la relación se profundizó y los pagos aumentaron. La industria estaba muy interesada en obtener argumentos para contrarrestar la campaña de opinión pública desatada por autoridades sanitarias y organizaciones sociales contra el tabaco. Selye se los proporcionó: una relación estadística no es causal hasta que se conozca el mecanismo, el consumo de tabaco es menos dañino que el estrés, las campañas públicas contra el fumar generan miedo y, por tanto, más estrés, y más aún el consumo recreacional de tabaco, tiene un efecto relajante y anti-estrés que previene daños a la salud.

Selye era él mismo un fumador de pipa. Es muy probable que también estuviera convencido de los argumentos que ofreció a las compañías cigarreras, pero es bochornosamente cierto que a partir de ese primer contacto Selye recibió de ellas cantidades crecientes de fondos, que alcanzaron los cientos de miles de dólares, los cuales utilizó para mantener funcionando e investigando el Instituto Internacional del Estrés en Montreal y la Fundación Hans Selye. Ambos fundados por él tras su retiro en 1977. Como mencionamos antes, uno de sus discípulos: Roger Guillemin, obtuvo en 1977 el premio Nobel, tal vez financiado a partir de fondos procedentes de esta relación con la industria del humo.
¿Cuál es el legado de Hans Selye? ¿Sus notables aportes a la ciencia? ¿Su claudicación ante el vil metal de una industria poderosa? El concepto y los mecanismos del estrés son una contribución enorme a la comprensión de la fisiología y la fisiopatología. Eso trasciende y va más allá de esos “pequeños pecadores consuetudinarios” (es decir, nosotros mismos) que las descubren. Con respecto a la infamia, prefiero pensar que Selye fue más una víctima del sistema que un desalmado ambicioso. Un buscador de verdades, aun al precio de su alma. Si ya lo dijo Don Francisco:
Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Sin embargo, lo importante al considerar las lecciones de hechos semejantes es que la validez de una ley, una teoría o de un resultado de una investigación científica, es total y absolutamente independiente de las virtudes o perversiones de quienes lo descubrieron. Newton era un arribista, egoísta y tramposo, pero las manzanas siguen cayendo en los prados y no en las nubes; Galileo cedió temeroso ante las presiones eclesiásticas y sin embargo…
Selye sucumbió a las tentaciones del capitalismo taimado, pero el estrés sigue siendo parte de nuestra vida, de nuestra salud y de nuestra enfermedad.
Bibliografía
Selye H. (1936) A syndrome produced by diverse nocuous agents. Nature 138 (3479, July 4):32.
Kovács KJ. 2013. CRH: the link between hormonal-, metabolic- and behavioral responses
to stress. J ChemNeuroanat.  Vol 54:25-33. doi: 10.1016/j.jchemneu.2013.05.003.
Sapolsky RM.( 2015) Stress and the brain: individual variability and the inverted-U. Nature Neuroscience Vol 18: 1344-1346.
Hariri AR., HolmesA. (2015) Finding translation in stress research. Nature Neuroscience, vol.18: 1347-1352.
Aguilera G. (2011) HPA axis responsiveness to stress: Implications for healthyAging. ExpGerontol.,  vol. 46: 90–95. doi:10.1016/j.exger.2010.08.023.
Korosi A., BaramTZ.(2009) The pathways from mother’s love to baby’s future. Frontiers in Behavioral Neuroscience, doi: 10.3389/neuro.08.027.2009
Petticrew  MP., Lee K. (2011) The “Father of Stress” Meets “Big Tobacco”: Hans Selye and the Tobacco Industry. Am J Public Health., vol. 101: 411–418. doi:  10.2105/AJPH.2009.177634

domingo, 19 de octubre de 2014

¿A qué te dedicas?

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Photo Credit: Anders Young via Compfight cc
El otro día descubrí el concepto de la multipotencialidad y la necesidad de identificarnos con una etiqueta. Pensando un poco más sobre el tema me he dado cuenta de que una de las preguntas más comunes que hacemos cuando conocemos a alguien es preguntarle a qué se dedica.
Creo que esta pregunta lleva implícitas muchas otras preguntas como pueden ser: ¿Qué haces para pagar tus facturas? ¿Cuánto ganas al mes? ¿Cómo eres de importante? ¿En qué lugar quedo yo si me comparo contigo? ¿Cuánto podría obtener de ti si necesito tu ayuda? ¿Merece la pena el tiempo que invierto hablando contigo?
Todas estas preguntas pueden parecer demasiado frías e interesadas. Aún así estoy seguro que si no todas, alguna de ellas la tenemos implícita en el subconsciente cuando lanzamos (o nos lanzan) la pregunta ¿a qué te dedicas?
Dejando de lado la parte interesada, hacer esta pregunta también cumple una función instrumental y comunicativa. Muchas veces no sabemos de qué hablar y esta es una manera de sacar un nuevo tema de conversación. Además también es una forma de conocer mejor a una persona sin hacerle sentir que nos estamos metiendo en su vida privada. Al fin y al cabo nuestro puesto de trabajo es información de dominio público.
Aún así es posible que no todo el mundo se sienta cómodo ante esta pregunta. Y más en los tiempos que corren cuando hay tanta gente sin trabajo. ¿A qué te dedicas? Estoy en el paro. Fin de la conversación. Las personas que trabajan no sólo se dedican a trabajar. Gran parte de su día también lo dedican a comer, beber y respirar. De igual forma que las personas que se encuentran en el paro también comen, beben y respiran. Sin embargo utilizamos la dedicación exclusivamente como un eufemismo de ganarnos la vida.
¿Y si comenzáramos a interesarnos de verdad por cómo es esa persona y no por cuál es el papel que desempeña en la sociedad? En lugar de preguntar ¿A qué te dedicas? podríamos empezar  a hacer preguntas del tipo ¿Qué te encanta hacer? ¿Cuál es tu pasión?. Cualquier persona (trabaje o no) puede responder este tipo de preguntas.
Creo que si a alguien que acabamos de conocer le preguntamos qué le encanta hacer nos dará 3 posibles respuestas:
1. Pondrá cara de extrañado y cambiará de conversación.
2. Nos responderá enunciando su puesto de trabajo. Por ejemplo: ¿Qué te encanta hacer? Soy Director de Márketing. En ese caso podríamos continuar preguntando … ¿Entonces te encanta ser Director de Márketing? Posiblemente la cara extraña surja en este momento.
3. Nos dará una verdadera respuesta a su pasión. Y probablemente tengamos una de las mejores conversaciones posibles con esa persona.
Lo cierto es aún no he hecho la prueba, pero si alguien se atreve me encantará leer los resultados.

sábado, 20 de abril de 2013

CÓMO FUNCIONA LA GUERRA SICOLÓGICA Y LA MANIPULACIÓN (UNA RESPETUOSA Y CORTA REFLEXIÓN A MIS AMIGOS DE LAS REDES SOCIALES Y MEDIOS ALTERNATIVOS)




imagen tomada de: http://www.creadess.org

"Cuidate de los medios de comunicación, porque vas a terminar odiando al Oprimido y amando al Opresor" 
Malcom X



Javier Del Valle Monagas Maita (Colaboración para ARGENPRESS CULTURAL)

Generalmente quien o, quienes tienen carencias y necesidades de destacar en la vida, utilizan diversos métodos para llamar la atención. Una de ellas es recurrir a la ofensa, la mentira, el engaño. Así logran mediante la respuesta inocente de quienes se sienten aludidos y creyendo salvar su reputación o su honor, ser usados para ser instrumento de difusión de la matriz que se prende de lo personal de otro para proyectarse. Para ponerse en el tapete de la noticia o de la proyección mediática. Es una manipulación muy usada por los que estando en debilidad y desventaja de espacio publicitario, se valen de la que otros poseen, para su fin.

Si somos mayoría. Si combatimos un sistema y sus herramientas de proyección e imposición, lo primero que debemos hacer en desaparecer esas herramientas de nuestras luchas. No es lógico ni estratégicamente válido que si se combate una forma de valores éticos y morales, usemos sus términos y personeros para tratar de destruirlos, siendo que al final los actualizamos. Es una contradicción.

Si se combate a un sistema económico, político y social, que se comporta de unas formas específicas, con metodologías muy claras. No es normal que nos apeguemos a esos esquemas para tratar de combatirlo. Mucho menos convalidar sus métodos de dominación y de proyección. Cuando se combate algo, lo primero que se hace es neutralizarlo, sacarlos de la cotidianidad y hundirlo en el olvido. Esa metodología es la que ha aplicado la gran prensa universal del sistema capitalista para hacernos daño y principalmente: CONTROLARNOS.

Cuando nosotros destacamos sus métodos, sus imágenes, sus líderes y sus anti valores. Sin previamente hacer un preámbulo explicativo bien razonado y sin nombrarlos específicamente; si no en lo general que los identifique lo que hacemos es promoverlos, darles publicidad y hacerlos visibles donde quizás no tenían visibilidad o presencia. Veo en la Facebook, (solo por ejemplo) como los que nos decimos revolucionarios llenamos el medio con imágenes, caricaturas otras referencias relativas al enemigo, a la imagen del momento de ese enemigo, que más que combatirlo o disminuirlo, lo que hace es destacarlo, resaltarlo, hacerlo presente y mas visible de lo que realmente merece o vale. No se trata de no nombrarlos. Simplemente de limitar su proyección, para ir anulando su presencia, pero atacando lo que representan. Mientras magnificamos y proyectamos los valores nuestros, nuestras realidades e intereses ¿Qué mejor forma de estar presente y generando opinión que ser proyectados por quienes nos dicen combatir? Así se despierta algo que es intrínseco de los seres humanos: la curiosidad. La cual puede afectar negativamente a nuestros aliados.

Por favor seamos más calculadores y combativos. ¡Ah! Combatir no es nada más la pelea cuerpo a cuerpo o con armas. Se combate también ideológicamente, publicitariamente y mediáticamente. En todas esas faces de lucha, el objetivo primordial es neutralizar, desaparecer al enemigo. Volverlo una nada, minimizarlo, hacerlo impotente y sin capacidad de respuesta.

Seamos más expositores de ideas, de conceptos, de valores humanos, de valores éticos, de valores sociales, de valores solidarios, de identidad, de idiosincrasia, de ideología. No es que no delatemos lo negativo del enemigo. No, se trata de resaltar los valores positivos nuestros, que al final, son nuestras banderas de lucha y nuestras metas universales de sociedad.

Debemos recordar que lo que combatimos, carece de valores morales y éticos. Para Ellos, lo que cuenta es la posesión y la satisfacción egocéntrica materialista. No importa como, por lo tanto caricaturizarlos no es muy provechoso en ellos, pues no tienen ningún freno ético que le auto censure o los recrimine mentalmente o que les haga sentir culpa. Por lo tanto el enfoque del mensaje debe ir hacia los aliados circunstanciales o las mentes engañadas que acompañan o sirven de comparsa a ese ser negativo. El sistema a combatir y sus representantes destacados ya son casos perdidos e irrecuperables. De lo que se trata entonces es de neutralizarlos, de aislarlos, de que se queden solos y así no podrán hacer más daño. Mientras se recuperan extraviados por ellos.

miércoles, 30 de enero de 2013

Propuesta psicoanalítica para prevención y tratamiento del daño psíquico ocasionado por la catástrofe social de los desahucios en España


Tenemos plena consciencia de que los deshaucios y los problemas para pagar las hipotecas están disparando los trastornos mentales en España.

La crisis económica castiga a amplias capas de la población y afecta su salud mental, como lo demuestra Gili y colaboradores en un artículo publicado en el European Journal of Public Health, en especial, entre aquellas familias que experimentan desempleo y dificultades para la amortización de sus pagos, en una muestra que incluye cerca de siete mil quinientos pacientes que acudieron a centros de atención primaria, lo cual los ha llevado a una completa ruina económica, entre el 2010 y el 2011, con resultados demoledores, que han incrementado la tasa de suicidios, a la vez que un aumento de la frecuencia de trastornos del ánimo, con un 19.4% de depresiones mayores, un 8.4% de trastornos de ansiedad, 7.3% de los ahora llamados trastornos somatomorfos, como la hipocondriasis, las algias o dolores y somatizaciones, manifestaciones corporales de la angustia, a la vez que ha acrecentado la frecuencia de trastornos relacionados con el alcohol. (1)

Estamos pues frente a una catástrofe social, en el sentido, descrito en otro contexto por la doctora Janine Puget, puesto que el desempleo y la violencia con la que se ejecutan los desahucios, hacen parte de una violencia, que no puede naturalizarse, hacerse pasar por natural, sino que amerita que los profesionales de las ciencias Ψ nos preocupemos por saber cómo ayudar a esta población que ha enfermado o está en riesgo de enfermar ante situaciones tan traumáticas. (2)

Conviene, entonces, tener en cuenta la advertencia de la psicoanalista Silvia Bleichmar, cuando dice que uno de los problemas más graves, que estamos padeciendo es la naturalización de las catástrofes sociales o históricas, su presentación como algo del orden de lo natural, de lo imposible de ser enfrentado, cuando son efecto del descuido, la negligencia o la irresponsabilidad de las administraciones, que hacen una desmentida, que se hacen las de la vista gorda, ante la corrupción, cosa que se torna catastrófica, en tanto y en cuanto, perjudica a sectores importantes o a grandes masas de la población, cuya condición de sujetos psíquicos queda impactada por el padecimiento. (3)

Ese impacto es el que se conoce como trauma, en lenguaje psicoanalítico, y se define como el estado mental ocasionado por la acción de un estímulo, proveniente ya sea del interior o del exterior del sujeto, que provoca una lesión en el aparato psíquico, al romper la barrera de protección del psiquismo, ante la imposibilidad de cualificar ese estímulo, lo cual produce un desequilibrio en el sujeto mismo, que sobrepasa la capacidad de pensarlo y que reactiva viejas heridas, con un empobrecimiento del sujeto, quien dispone de tal energía para intentar preservar su integridad. (4)

El trauma, si no logra pensarse, para encontrarle un sentido, puede ser generador de distintas enfermedades de origen emocional, por la sobrexcitación que produce y el intento del sujeto de defenderse de él, no siempre de la forma más adecuada.

Es bien conocido, que las situaciones traumáticas producen tanto efectos inmediatos, como a mediano y largo plazo, en tanto y en cuanto, esa vivencia dolorosa y dañina, que sobrexcita, permanece como un resto no digerido por el psiquismo, hasta el punto que los traumas en una colectividad pueden poner en juego el mantenimiento de la continuidad de uno mismo, como es el caso de los suicidios que se han dado como consecuencia del trauma social ocasionado por la crisis y los desalojos en España.

El trauma implica, en sí, un estímulo violento, que luego desaparece pero queda grabado en la mente, de tal modo que reverbera dentro de ella, manteniendo una capacidad trastornadora en el sujeto pero cuando el trauma afecta a toda una colectividad, hace a esta población mucho más vulnerable, con efectos sobre la singularidad de cada uno de los miembros de ella; la violencia ocasionadora de lo traumático arrasa con los archivos, con las palabras que pueden nombrar y narrar los acontecimientos perturbadores.

De ese modo, los síntomas se hacen consecutivos al choque emocional, que producen las situaciones amenazantes para la vida o la integridad del sujeto, con lo cual pueden aparecer pesadillas, ideas que inundan y se repiten en la mente, recuerdos de las tremendas situaciones vividas, que aparecen en la mente como fogonazos, en los que se repiten escenas dolorosas y atemorizantes, los llamados flashbacks, que operan en el campo de lo imaginario, como para revivir una vivencia del orden de lo real, sin que haya palabras para nombrarlas, o reacciones de angustia y pánico automáticas, con gran compromiso corporal, con palpitaciones, sudoración profusa, ahogos o cólicos, entre otros síntomas físicos de una ansiedad, que inunda al sujeto, quien funciona como un sistema abierto, en el que experiencias complejas modifican la vida psíquica a lo largo de toda la existencia, ya que el sujeto está abierto a su historia y sobre él inciden no sólo eventualidades que se dieron en el pasado, sino aquellas que se dan en un momento más actual.

El trauma opera, sobre el sujeto, como una piedra lanzada con violencia, que arrasa el funcionamiento del psiquismo, casi hasta la desmoralización, la demolición o la aniquilación. (5) (6)

Sin embargo las personas, sometidas a un impacto de naturaleza traumática, son distintas y cada una tiene amplios modos de respuesta frente a ellos, de ahí que algunos científicos sociales hablen de la resiliencia o capacidad de los sujetos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y golpes de la vida, a los contratiempos, hasta el punto de que algunos pueden llegar a resultar fortalecidos por éstos, lo que corresponde a la entereza, como capacidad de afrontar la adversidad, dada su mayor equilibrio emocional para enfrentar el estrés, lo cual es todo un proceso dinámico, constructivo e interactivo, dentro de un contexto sociocultural, el cual conduce a la optimización de los recursos para superar las dificultades, pues todo dependerá de las defensas implementadas en la respuesta, las cuales pueden ser adecuadas o arcaicas, en grados relativos, ya que el sujeto tiene distintos modos de dar significado al mundo, diferentes modos de sentir, percibir y pensar, tanto como diferentes formas de enfrentar la existencia, en tanto y en cuanto, el sujeto es una producción histórica y social, tanto en su singularidad individual, como en relación con el conjunto. (7) (8)

De esa manera, el sentido singular del trauma y la capacidad de obtener y mantener apoyos adecuados se da en el campo de lo intersubjetivo, en tanto y en cuanto, el sujeto está vinculado con el procesamiento colectivo de una situación traumática.

Es importante, entonces, que el sujeto y su entorno, ante un hecho traumático puedan comprender la situación, de acuerdo con un posicionamiento ideológico previo y tener la capacidad de sentirse parte del conjunto, con proyectos que compartir, lo cual hizo tan exitoso el retorno de los soldados estadounidenses de los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial, pues como héroes tenían un reconocimiento social y recibieron un tratamiento bastante adecuado para volver a la vida civil.

Eso les permitiría sentirse reparados, cosa que no sucedió con los veteranos que volvieron de la guerra de Vietnam y de Irak.

Algunos volvieron como verdaderos desechos humanos, muchos de los cuales se volvieron locos, con comportamientos violentos, así otros que contaban con el narcisismo de vida, inculcado por el entorno familiar, se convirtieron en líderes sociales, a la manera de Ron Kovic, aquel joven nacido el 4 de julio, quien, a pesar de volver parapléjico, se convertiría en un escritor y activista contra la guerra. (9) (10)

Un desastre semejante ocurrió en el caso de los veteranos argentinos que volvían de la Guerra de las Malvinas, sin reconocimiento oficial alguno, ni reparación económica, lo cual trajo consigo un alto porcentajes de suicidios, al ser pisoteada la dignidad y la pertenencia al orden humano, como pasaría con muchos de los torturados por el terrorismo de Estado; pero, frente a la experiencia traumática durante la dictadura argentina se encontraron múltiples caminos de elaboración colectiva y personal.

De ahí que, frente a lo traumático, lo más terapéutico sea crear espacios para que los sujetos traumatizados, o amenazados por duras realidades, puedan pensar esos sucesos desagradables y dolorosos, para que puedan ser puestos en palabras, para que estas se encadenen y puedan ser reflexionadas a nivel consciente, sin que queden como una piedra dentro del zapato o una espina clavada en el corazón, impensada o impensable; eso puede evitar, que el sujeto pase a acciones impulsivas, en un intento de descargar el malestar, como pudiera ser a través de actos suicidas, consumados o no, u otro tipo de reacciones violentas, ya que bien sabemos que la violencia social engendra más violencias.

Lo importante es que ese evento desorganizador de la historia del sujeto, no revuelque los archivos de la memoria y despierte viejos y olvidados recuerdos desorganizados, para que pueda incluirse en el relato histórico del sujeto mismo, de tal manera, que la persona pueda pensar, desde el presente, los hechos traumáticos, para que éstos no tiendan a repetirse y pueda construirse un futuro distinto, lo cual exige tomar una postura diferente al de mera víctima, para poder emprender acciones pensadas, que tengan una mayor efectividad que las acciones impulsivas, llevadas a cabo un poco a la topa tolondra, como lo hace con desatino el sujeto aturdido, de una manera irreflexiva, sin reparos, sin medir consecuencias de los actos, llevados a cabo como mera descarga del malestar.

En ese sentido, los psicoanalistas podemos abrir espacios de reflexión, ya sea a nivel individual, de pareja, de familia o en grupos, que cubran un mayor número de personas.

De esto tenían plena conciencia los estadounidenses, cuando al regresar triunfantes de la Segunda Guerra Mundial, eran sabedores de que la mayor parte de los veteranos venía con traumas, ocasionados por los conflictos bélicos.

A raíz de las quejas de las madres de los soldados, que volvían de licencia, por el estado de salud mental en el que habían retornado sus hijos, pues ellas habían visto partir hacia el conflicto bélico muchachos saludables, que entre los fragores de las batallas, se habían convertido en individuos huraños y tristes, que aunque no tuvieran heridas corporales, daban cuenta de que algo no andaba bien. De hecho, muchos de esos chicos habían tenido que ser dados de baja por problemas psicológicos, originados por la confrontación guerrera.

Ante esta demanda de la población, el gobierno estadounidense pensó que su misión fundamental era restituir la salud mental, de la manera más rápida y eficaz, a los soldados que presentaban trastornos mentales.

Ya el final de la guerra se veía próximo y, con él, retornarían al país muchos militares que no se habían curado de los traumas de guerra, quienes estaban diseminados en hospitales de campaña en medio mundo, de donde era preciso tratar esa avalancha de gentes, que volvían con los nervios destrozados, para reinsertarlos a la vida civil, de tal forma que se evitaran grandes escándalos, que se difundirían por los medios de comunicación de masas.

Para ello, se pensó que de los campos de batalla, regresaran a hospitales, donde tuviesen una asistencia rehabilitadora, para poder volver tan sanos, como fuera posible, a la vida civilizada, sin las secuelas devastadoras de la guerra, que regresasen en las condiciones más saludables posibles.

Así las cosas, hubo varios hospitales, como el Mason Hospital en la Costa del Este de los Estados Unidos de América, donde se recibía a grandes grupos de soldados para ser atendidos en la línea proyectada por el gobierno.

Allí se trabajaba con psicoterapia de grupo y con terapia ocupacional, además de terapias recreativas, con partidas deportivas y encuentros musicales.

Los soldados llegaban muy angustiados, a veces temblorosos, y otros bastante deprimidos, con caras asaz inexpresivas, a quienes se les hacían preguntas adecuadas para estimularlos a hablar de lo traumática que había sido, para ellos, la experiencia bélica, de tal forma que pudiesen empezar a discutir entre ellos, bajo la presencia de un coordinador, experto en terapia grupal, de esos recuerdos que afloraban con toda una carga de angustia, de tal manera que pudieran romper su aislamiento afectivo y social, hablar de sus problemas y buscar maneras de resolverlos al volver a pensar, para aprender de esa experiencia, en un ambiente de cooperación entre todos. (11)

En la Argentina, ha habido una larga experiencia en relación con el trabajo en grupos de reflexión para elaboración de traumas sociales, como bien lo demuestran Lucila Edelman y Diana Kordon, quienes iniciaron esta práctica con abordajes grupales con familiares de desaparecidos durante la dictadura argentina, que determinó el pasaje por una época aciaga que los argentinos mismos llamaron los años de plomo, entre 1976 y 1983, bajo los auspicios del Terrorismo de Estado, que ocasionara, con su represión, graves efectos psicológicos, además de los crímenes de lesa humanidad que allí se cometieron, capaces de ocasionar tanto dolor como el de la imagen que ponen en la carátula de su famoso libro: Efectos psicológicos de la represión política. (12)



Ante la magnitud del número de damnificados por aquella tragedia histórica, se iniciaron grupos de reflexión con las víctimas sobrevivientes de esa catástrofe social para, luego, pasar a trabajar con ese instrumento grupal en diferentes situaciones traumáticas de origen social, en tanto y en cuanto los dispositivos grupales constituyen un instrumento privilegiado para el trabajo elaborativo de los impactos traumáticos, con personas afectadas de una manera directa, con el fin de que puedan comprender más eso que sienten como un obstáculo en su vida, productor de desconsuelo, desamparo, pesadumbre, sentimientos que llegan aún a carcomer las relaciones interpersonales, puesto que el trabajo sobre el impacto emocional ayuda a superar las dificultades que interfieren con la realización de tareas que son necesarias para resolver de alguna manera los problemas mismos.

De allí, más allá de las elaboraciones sociales, con conmemoraciones, placas, acciones comunitarias y producción cultural a través de la pintura, la música, la literatura, el teatro y el cine, algo de lo traumático requería un abordaje específico.

Lucila Edelman y Diana Kordon encontraron en los grupos un recurso para darle a lo imaginario y lo real de los efectos de los acontecimientos traumáticos, la palabra, de tal forma que lo real quedara reducido a un mínimo.

Tales dispositivos se usaron a su vez en tragedias ocasionadas por atentados terroristas, tras accidentes como incendios, derrumbamiento de edificios, inundaciones, etcétera.

El relato de la experiencia traumática conlleva un cierto grado de elaboración, como evocación que utiliza la palabra, aunque hay un resto que no se expresa a través de ellas sino con gestos, en el lenguaje corporal o a través de actuaciones impulsivas, en un intento de evacuar el conflicto generado.

Para ello, en la Grecia antigua se utilizaba el teatro, la tragedia, para representar aquello que había causado tanto horror y lograr la piedad del público, a través de lo que Aristóteles, en su Poética, denominara la catarsis. (13)

Lo cierto es que las personas afectadas por situaciones traumáticas tienen mucha necesidad de hablar, de compartir vivencias dolorosas, una opción que el grupo de reflexión ofrece, para contrarrestar la inducción al silencio, como instrumento del Poder para mantener la alienación y el control social.

Allí también se ofrecen posibilidades de contener y ligar, tanto a nivel personal como colectivo, los elementos traumáticos que fueron tan disruptivos para la realidad psíquica de los sujetos.

Se trabaja, entonces, con grupos abiertos, de concurrencia voluntaria, sin limitaciones en la cantidad de participantes, organizados en un módulo con un número de reuniones acordadas con anterioridad, para hablar en ellas de los temas que surjan, lo cual permite adentrarse en el interior de la vida anímica, mediante el uso del lenguaje, con el fin de comprender lo que ocurre en el mundo imaginario de los asistentes, en busca de nuevos sentidos y significaciones; de donde el propósito fundamental es la comprensión de lo que pasa en la realidad psíquica de los sujetos, todo ello, bajo el compromiso adulto y responsable de todos del secreto grupal, es decir, que lo que se habla dentro del grupo no se comunica en el afuera de él, para que con el discurrir de las fantasías que surgen dentro de él, se vaya constituyendo un sentimiento de pertenencia con el conjunto, por parte de cada uno de los miembros del grupo, en un ámbito confiable.

Allí en ese grupo, atravesado por la cultura en la que se vive, se ponen en juego las relaciones entre los sujetos, como un aspecto relacional y vincular, que permite el acceso al inconsciente grupal.

Así es como se propicia una comunicación en red, donde el coordinador no pasa de ser un sujeto que supuestamente sabe, pues el verdadero saber se da en los miembros del grupo, de ahí que para evitar la dependencia y la sugestión, el coordinador se convierte en un mero moderador, que permite la circulación de la palabra y señala los puntos donde ésta se atasca, para que pueda avanzarse en el conocimiento del grupo por sí mismo; esa función puede ejercerla a través de interpretaciones y esclarecimientos, cuando hay confusiones, con señalamientos de fenómenos que el líder detecta en el grupo y preguntas que abren el deseo de saber más acerca del grupo mismo y de sus integrantes, sin permitir que se convierta al coordinador en una especie de Mesías, del que se depende y al que luego el grupo o puede atacar o huir de él.

Por eso, el coordinador no tiene la función de juzgar a nadie, ni decir que las conductas de alguien son buenas o malas, apropiadas o no; su principal función es ayudar a descubrir cómo se articulan las representaciones que se tienen de la sociedad con las vivencias subjetivas, sobre todo si se tiene en cuenta que la elaboración de lo traumático es un proceso, a la vez, individual y social, que tiende al alivio de sentimientos de culpa y tiene como función la reparación de la autoestima maltratada por los hechos violentos.

De esa manera muchos esclarecimientos e interpretaciones que permiten la comprensión se dan por los mismos miembros del grupo más que por el coordinador, que declina la fantasía que puede poner el grupo de que es un sujeto que supuestamente sabe más que todos.

Es como si se aplicase la técnica del filósofo Sócrates, quien preguntaba al otro, para ser un partero de la verdad de su semejante, a partir del supuesto de que la verdad está en el sujeto que busca conocer, pues el grupo de reflexión se basa en un método que procura que el otro llegue a conocer la verdad por sí mismo, ante lo cual el coordinador es un mero facilitador de esa búsqueda. (14)

Las intervenciones, ya sea del coordinador o de los miembros del grupo pueden servir para la apertura o la sutura, en momentos en que el grupo puede fragmentarse demasiado.

Se logra esclarecer situaciones que ocurren entre los miembros del grupo entre sí o en relación con el coordinador, en un movimiento que nos hace volver a atrás y a avanzar, que permite estructurar las cosas o desestructurarlas, en especial cuando un sujeto se identifica con otro y todo ese trabajo permite que ocurran nuevas cosas en el psiquismo de los miembros, de tal forma que se sanen las heridas del alma, las que se dieron cuando el sujeto se hallaba en una situación de sufrimiento e indefensión, en la medida que se va sosteniendo al sujeto con el grupo y se le devuelve digerido aquello que podía causarle terrores sin nombre.

El grupo viene a constituir una especie de matriz, que ayuda a convertir en pensable lo impensado, mediante esos símbolos que son las palabras, lo cual favorece que eso real de los restos de lo traumático pueda ser encadenado en un discurso histórico, que permita una elaboración o un trabajo mental sobre los hechos acaecidos que devinieron lesivos para el aparato psíquico.

Se sale así de la parálisis mental que provoca el fenómeno chocante, generador de perplejidad, para que pase de su condición de representación de cosa a representación de palabra, en un campo intersubjetivo, de varios sujetos que comparten el malestar natural o engendrado desde la civilización misma, de lo que apenas somos medio conscientes o inconscientes del todo.

Se va armando una especie de rompecabezas, de puzzle, en la medida que el grupo enfrenta un enigma por resolver y puede irlo integrando pieza por pieza, en una labor tanto colectiva como singular, en contraposición con el estallido, la fragmentación que produce el estímulo nocivo.

Es un trabajo, en el que cada miembro del grupo aporta en la construcción de imágenes más integradas.

Fue así como empezaron a trabajar con personas que colaboran con grupos sociales vinculados con problemáticas límites, en lo que se refiere a violación de Derechos Humanos.

Se ha probado ya que los grupos son instrumentos fundamentales para albergar al sujeto en condición de indefensión y brindarle el apoyo necesario para enfrentar las crisis y generar matrices dentro del psiquismo para desarrollar nuevas y más sanas posibilidades para el aparato psíquico.

Eso se corroboró en situaciones como las de los terremotos de México y Honduras, en tanto, catástrofes naturales, que afectan no sólo lo físico, lo material, sino lo emocional pero que también no dejan tener causas sociales, pues de lo que se trata es de desnaturalizar el sufrimiento y comprender las situaciones psicosociales, que preceden a los acontecimientos funestos, tanto como las subsecuentes consecuencias sobre el psiquismo y sobre la colectividad. (15)

Nosotros mismos, Mario Sánchez Rengifo, Luz Marina Escobar, Luz Mary Restrepo, Ruth Ospina, Jesús Dapena y un grupo grande de psiquiatras y psicólogos en formación psicoanalítica participamos en una experiencia de esta naturaleza cuando en 1999 se dio el terremoto del Eje Cafetero en Colombia, con la población de Montenegro, Quindío.

En situaciones traumáticas, el grupo de reflexión brinda nuevos espacios para el apoyo contra la indefensión y el desamparo, contra las vivencias de fragmentación y/o mutilación, producidas por diferentes tipos de pérdida, como refuerzo al apoyo espontáneo, cuando éste se logra; ayuda a la discriminación, al buen juicio que puede verse alterado por el impacto lesivo, con el desarrollo de modelos creativos de pensamiento.

Permite la elaboración de la violencia y la agresión, que muchas veces se orienta no contra el generador de la situación nociva, sino contra sí mismo, la familia o los grupos de pertenencia, como un desplazamiento de la respuesta frente a la violencia recibida.

Puede contrarrestar la acción persistente de la pulsión de muerte, de lo mortífero, que paraliza, abruma o desvitaliza, mediante el aporte de la transmisión de una nueva energía, una nuevo brío, a partir del resurgimiento del deseo, como parte de la pulsión de vida, con un mejoramiento de la autoestima, afectada por la situación y la identificación con discursos internos o externos inductores de sentimientos de culpa, cuando se viene abajo el reconocimiento por parte del otro y el narcisismo se ve herido.

Los grupos de reflexión permiten la reconstrucción de una historia, posibilitan develar la significación de los discursos dominantes, de las representaciones sociales que el Poder construye y ver cómo opera éste para lograr su hegemonía, generadora de imperativos y enormes sentimientos de culpa sobre una población vulnerable, de tal manera que logra cuestionar lo transubjetivo, que se transmite en la cultura, a partir de mentalidades e ideologías.

En situaciones traumáticas de origen social, encontrar el sentido de los traumatismos tiene especial importancia para su elaboración, nos dicen Lucila Edelman y Diana Kordon.

Lo importante es hacer un trabajo de otorgación de sentidos, que ayude a la comprensión del problema y al proceso personal de simbolización, de puesta en palabras, lo cual permite la superación de duelos y el procesamiento de lo traumático.

En el quehacer de la historia, es muy necesario, reconocer la importancia de los testimonios personales de cómo ha sido vivido lo traumático, en comparación con las vivencias de los otros y el hecho de que haya un Otro que escuche permite hacer ligazones entre los hechos y redefinir identificaciones puesto que el proceso de lograr una identidad personal, siempre está sostenida por el vínculo con grupos e instituciones.

Eso puede movilizar a la desalienación, a la desenajenación, que el Poder trata de obstaculizar para que quedemos alienados y enajenados en él, sin que tengamos clara conciencia de ello; es la práctica social, la matriz, en la que se produce la desalienación, lo que conlleva el poder realizar nuevas acciones, establecer nuevos tipos de relación, nuevas tomas de postura en el entramado social, lo que facilita el establecimiento de alianzas de los miembros de un grupo para enfrentar una determinada problemática, de tal forma que se construya un nuevo anclaje.

Jesús María Dapena Botero (Desde Vigo, España. Especial para ARGENPRESS CULTURAL)

Notas:
1) Garteiz, G. Los deshaucios y los problemas para pagar la hipoteca disparan trastornos mentales en España. La Celosía. http://www.lacelosia.com/los-desahucios-y-los-problemas-para-pagar-la-hipoteca-disparan-los-trastornos-mentales-en-espana/
2) Puget, J. Violencia social y psicoanálisis: lo impensabley lo impensado. Psicoanálisis, 8 (2/3), 307-366, 1986.
3) Waisbrot, D. y otros (compiladores). Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina. Paidós, Buenos Aires, 2003, pp. 35-51.
4) Cesio, S. El trauma y su elaboración. 2002. http://www.enigmapsi.com.ar/jortrauma.html
5) Frank, J. Therapeutic Components Shared by all Psychotherapies. En: J. Harvey y M. Parks (Eds.), Psychotherapy Research and Behavior Change. Washington: APA, 1982.
6) Viñar, M. Pedro o la demolición. Una mirada psicoanalítica sobre la tortura. Revista de Psicoanálisis. Asociación Psicoanalítica Argentina, 42 (5): 1181-1197, 1985.
7) Rutter, M. Resilience in the Face of Adeversity. Protective Factors and Resistance to Psychiatric Disorder. British Journal of Psychiatry, 147: 598-611, 1985.
8) Edelman, L. y D. Kordon. Trauma social: trabajo elaborativo en grupos de reflexión. Psicoanálisis & Intersubjetividad. Familia, pareja, grupos e institituciones 5. http://www.intersubjetividad.com.ar/website/articulo.asp?id=230&idd=5
9) Kovic, R. Nacido el 4 de julio. Editorial Salamandra, Barcelona, 1990, 200 pp.
10) Dapena, J. Suicidados por la sociedad. Argenpress Cultural, 1 de julio del 2010, http://cultural.argenpress.info/2010/07/suicidados-por-la-sociedad.html
11) Ferrer, A y cols. Psiquiatras de celuloide. Generalitat Valenciana, Consellería de Cultura, Educació y Esport/IVAC La Filmoteca, Institut Valenciá de Cinematografía Ricardo Muñoz Suay, Valencia, 2006, pp. 185-189.
12) Kordon, D. R. y cols. Efectos psicológicos de la represión política. Editoriales Sudamericana-Planeta, Buenos Aires, 1986, 180 pp.
13) Aristóteles. Poética. Alianza Editorial, Madrid, 2006, 128 pp.
14) Sócrates (469-399). http://filosofia.idoneos.com/index.php/307388
15) Schenquerman, C. Prólogo del libro Psicoanálisis extramuros. Puesta a prueba frente a lo traumático de Silvia Bleichmar. http://www.elpsicoanalitico.com.ar/num3/autores-schenquerman-bleichmar-psicoanalisis-extramuros.php


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