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jueves, 4 de enero de 2018

Qué cosas no decirle a una persona con cáncer














¿Cuál creen que es la pregunta que se le hace más comúnmente a una persona que tiene o tuvo cáncer? Si pensaron “¿Cómo estás?”, acertaron.
Sin embargo, por atentas que parezcan esas palabras, a menudo no son de ayuda e incluso pueden ser dañinas. En una fiesta familiar que tuvo lugar un año después de mi propio tratamiento contra el cáncer, un pariente lejano me preguntó justo eso. Le contesté: “Estoy bien”. Él insistió: “¿De verdad estás bien?”.
“De verdad”, le dije. Pero ¿y si no lo hubiera estado? ¿Me habría gustado ponerme a describir las malas noticias médicas en lo que se suponía que era un evento divertido?
Un diagnóstico de cáncer puede dejar mudos a los amigos y familiares, o bien provocar que hagan comentarios inapropiados, aunque su intención sea buena. Algunos que no saben qué decir, simplemente evitan por completo al paciente con cáncer, un acto que puede ser más doloroso que si dijeran o hicieran algo inadecuado.
Un nuevo libro, Loving, Supporting, and Caring for the Cancer Patient, escrito por un hombre que recibió tratamiento para combatir un cáncer que ponía en riesgo su vida y que ha dado asesoría a decenas de otros que también padecen esta enfermedad, me puso a pensar en la mejor manera de hablar con alguien que enfrenta el cáncer: su diagnóstico, tratamiento y secuelas. El autor del libro, Stan Goldberg, es un especialista en comunicación, profesor emérito de trastornos de la comunicación en la Universidad Estatal de San Francisco.
Goldberg descubrió a la edad de 57 años que padecía una forma agresiva de cáncer de próstata. En una entrevista comentó que los pacientes con cáncer con frecuencia se topan con personas que adoptan el papel de animadores y dicen cosas como: “No te preocupes”, “Vas a estar bien”, “Vamos a enfrentar esto juntos”, y “Van a encontrar una cura”.
Sin embargo, comenta, “las palabras de aliento pueden funcionar a corto plazo, pero a la larga pueden generar culpa si el cáncer es más agresivo y vence todos los esfuerzos de la persona”.
El Dr. Goldberg sugiere a las personas que, cuando visiten a un paciente con cáncer, hablen menos y escuchen más. Recomienda participar “más en conversaciones y menos en intercambios de preguntas y respuestas”. Si se hacen preguntas, deben ser abiertas, como: “¿Quieres contarme sobre tu cáncer y lo que estás pasando? Tal vez pueda encontrar alguna forma de apoyarte”.
Entre los varios “no” sugeridos por el experto, están los siguientes:
• No llame la atención sobre los cambios físicos del paciente diciendo cosas como: “Por lo menos te deshiciste de esos kilos de más”.
• No le diga al paciente que tiene suerte de padecer un tipo de cáncer y no otro, pues esto minimiza lo que la persona está enfrentando. No hay nada afortunado en tener cáncer, incluso si es uno de los “buenos”.
• No dé información sobre tratamientos no probados ni referencias de doctores de práctica dudosa.
• No sugiera que el estilo de vida de la persona es el causante de la enfermedad, incluso si en efecto puede haber contribuido. La culpa no ayuda. Muchos factores influyen en los riesgos de presentar cáncer; incluso para los fumadores de toda la vida, padecer cáncer a menudo es pura mala suerte.
• No sermonee al paciente sobre mantenerse positivo, lo que puede generar sentimientos de culpa en el paciente si las cosas no salen bien. Es mejor decir: “Cuentas conmigo, sin importar lo que suceda”, y decirlo de corazón.
• No pregunte sobre el pronóstico. Si el paciente brinda esa información, está bien, hablen sobre sus implicaciones. De lo contrario, es mejor contener su curiosidad.
• No se convierta en una carga para el paciente por sus propios sentimientos de desánimo, aunque está bien decir: “Lamento que te haya pasado esto”. Si se siente abrumado por la posibilidad de interactuar con una persona con cáncer, es mejor expresar “No sé qué decir”, antes que no decir nada o evitar a la persona por completo, pues puede sentirse abandonada o pensar que a uno no le importa.


tomado de: https://www.nytimes.com/es/2016/12/05/que-cosas-no-decirle-a-una-persona-con-cancer/?smid=fb-share-es


domingo, 19 de octubre de 2014

¿A qué te dedicas?

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Photo Credit: Anders Young via Compfight cc
El otro día descubrí el concepto de la multipotencialidad y la necesidad de identificarnos con una etiqueta. Pensando un poco más sobre el tema me he dado cuenta de que una de las preguntas más comunes que hacemos cuando conocemos a alguien es preguntarle a qué se dedica.
Creo que esta pregunta lleva implícitas muchas otras preguntas como pueden ser: ¿Qué haces para pagar tus facturas? ¿Cuánto ganas al mes? ¿Cómo eres de importante? ¿En qué lugar quedo yo si me comparo contigo? ¿Cuánto podría obtener de ti si necesito tu ayuda? ¿Merece la pena el tiempo que invierto hablando contigo?
Todas estas preguntas pueden parecer demasiado frías e interesadas. Aún así estoy seguro que si no todas, alguna de ellas la tenemos implícita en el subconsciente cuando lanzamos (o nos lanzan) la pregunta ¿a qué te dedicas?
Dejando de lado la parte interesada, hacer esta pregunta también cumple una función instrumental y comunicativa. Muchas veces no sabemos de qué hablar y esta es una manera de sacar un nuevo tema de conversación. Además también es una forma de conocer mejor a una persona sin hacerle sentir que nos estamos metiendo en su vida privada. Al fin y al cabo nuestro puesto de trabajo es información de dominio público.
Aún así es posible que no todo el mundo se sienta cómodo ante esta pregunta. Y más en los tiempos que corren cuando hay tanta gente sin trabajo. ¿A qué te dedicas? Estoy en el paro. Fin de la conversación. Las personas que trabajan no sólo se dedican a trabajar. Gran parte de su día también lo dedican a comer, beber y respirar. De igual forma que las personas que se encuentran en el paro también comen, beben y respiran. Sin embargo utilizamos la dedicación exclusivamente como un eufemismo de ganarnos la vida.
¿Y si comenzáramos a interesarnos de verdad por cómo es esa persona y no por cuál es el papel que desempeña en la sociedad? En lugar de preguntar ¿A qué te dedicas? podríamos empezar  a hacer preguntas del tipo ¿Qué te encanta hacer? ¿Cuál es tu pasión?. Cualquier persona (trabaje o no) puede responder este tipo de preguntas.
Creo que si a alguien que acabamos de conocer le preguntamos qué le encanta hacer nos dará 3 posibles respuestas:
1. Pondrá cara de extrañado y cambiará de conversación.
2. Nos responderá enunciando su puesto de trabajo. Por ejemplo: ¿Qué te encanta hacer? Soy Director de Márketing. En ese caso podríamos continuar preguntando … ¿Entonces te encanta ser Director de Márketing? Posiblemente la cara extraña surja en este momento.
3. Nos dará una verdadera respuesta a su pasión. Y probablemente tengamos una de las mejores conversaciones posibles con esa persona.
Lo cierto es aún no he hecho la prueba, pero si alguien se atreve me encantará leer los resultados.