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lunes, 2 de julio de 2018

#HumanidadYpsicologia Así está el panorama de la anticoncepción en América Latina


Se calcula que 56% de los embarazos registrados en Latinoamérica no son planeados, siendo la tasa más alta en el mundo.

El concepto de prevención del embarazo ya existía en la mayoría de las sociedades primitivas, en ese entonces las prácticas anticonceptivas giraban en torno a medidas como el matrimonio tardío, el celibato o el coito interrumpido.

La población empezó a usar anticonceptivos, como método de planificación familiar en el año 1930, esto con la aparición del primer condón de látex. Desde ese momento, pasaron muchos años y métodos innovadores se han desarrollado para que las mujeres y hombres planifiquen y así puedan decidir qué cantidad de hijos quiren tener.Para el caso de Latinoamérica, el uso de estos métodos llamados modernos se ha extendido al 70% de la población, sin embargo los embarazos no deseados siguen en aumento.Tan solo en 2012 de los casi 18 millones de embarazos reportados en la región, alrededor del 56% no fueron planeados, como consecuencia de la falta de un anticonceptivo, pero también como resultado del error que es del olvido o uso incorrecto de los métodos anticonceptivos de uso diario.Especialistas de la Universidad Estatal de Campinas en Brasil, el Departamento de Salud Pública de Los Angeles California y el Consejo Nacional de Población (CONAPO), coincidieron durante el taller Mujer Actual y Anticoncepción Revelando Nuevos Caminos, organizado por Bayer, en que los embarazos no planificados constituyen un importante problema de salud pública que necesita estrategias puntuales y efectivas que contribuyan a reducir esta situación común en los países latinoamericanos.Diana Ramos, profesora de la Universidad de Keck de California (Estados Unidos), en entrevista con Publimetro dijo que el grupo de mujeres más afectadas por este fenómeno son las adolescentes, esto porque las cifras así lo demuestran, en menores de 20 años en América Latina alcanzan al 15% de las jovénes, que cada vez dan inicio a su vida sexual de forma más temprana, entre 16 y 18 años.También dijo que Latinoamérica es la segunda región (primero está África) en embarazos no planeados en adolescentes y la mayor razón es porque los métodos que se están usando para planificar no son los más efectivos.Por su parte Luis Bahamondes, profesor de Ginecología en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Campinas, Brasil, explicó que “a la mujer hay que preguntarle qué quiere. Si sabe que a largo plazo no quiere ser madre, existen métodos como el Sistema Intrauterino (SIU), similar al DIU pero más eficaz porque libera hormonas y no es de cobre, o implantes subcutáneos. Si es una decisión provisoria, en cambio, están las píldoras que es lo más usado, pero también adhesivos o inyecciones”.La directora de la fundación Save the Children, María Josefina Menéndez, agrega que “la política de difusión de métodos anticonceptivos y formas de protección de las niñas y los niños no alcanza en los gobiernos de Latinoamérica”. Bajo esta problemática los expertos aconsejan el uso de métodos anticonceptivos de acción rápida, como los DIU, SIU o implantes, que tienen una alta efectividad y pueden ser aplicados en mujeres jóvenes. Medidas y efectividadEl SIU es similar a la T de cobre (conocida como DIU). Es blando y adaptable al útero de la mujer sin contraindicaciones, además no sólo detiene el ingreso de los espermatozoides al óvulo, sino que libera bajas dosis de la hormona progestina dentro de la matriz.

Según Josefina Lira del Colegio mexicano de Especialistas en Ginecología y Obstetricia, es el método más seguro para evitar embarazos, tiene un 99,8% de eficacia y es de resaltar que tiene una duración hasta cinco años.Por otra parte están los Anticonceptivos Reversibles de Acción Prolongada (ARAP) estos cuentan con importantes beneficios y podrían ayudar a las mujeres jóvenes latinoamericanas a cumplir sus metas de vida al prevenir eficazmente embarazos no planificados, incluso con una tasa superior de protección a la de métodos de mayor popularidad como la píldora anticonceptiva, destacaron los expertos médicos, esto porque métodos como la píldora muestran una tasa de 3 embarazos por cada 1000 mujeres con un “uso perfecto” durante el primer año, pero estadísticas muestran que su “uso típico” arroja una tasa de 90 embarazos por cada 1000 mujeres.En el caso de los métodos ARAP se muestran una tasa de 2 embarazos por cada 1000 casos, tanto en “uso perfecto” como en “uso típico”, ya que al tener eficacia anticonceptiva de largo plazo no requieren de seguimiento constante de quien lo usa. Según el Doctor Patricio Sanhueza, los métodos ARAP ofrecen ventajas más allá de la anticoncepción como reducción de la cantidad y duración de los sangrados menstruales, mejor control del ciclo y disminución del riesgo de anemia.Además de los ya mencionados las jóvenes y mujeres deben saber que existen más alternativas como los parches adhesivos que liberan hormonas y duran una semana, un anillo de plástico vaginal que se cambia una vez por mes, la inyección que dura hasta tres meses y otros sistemas que deben adecuarse a la necesidad de cada uno.

Sin embargo en cualquiera de estos casos, la eficacia de los métodos anticonceptivos depende de que las mujeres tengan un "uso perfecto" del mismo, es decir, que los tomen exactamente como los médicos lo recomiendan. El riesgo es que en la vida diaria las mujeres suelen olvidar su toma (concepto conocido como “uso típico”), lo cual eleva el riesgo de fallas de protección anticonceptiva y aumenta la posibilidad de un embarazo no planeado.Para Bahamondes, definitivamente el método anticonceptivo ideal es aquel que empate con el estilo de vida de cada mujer, considerado su condición de salud pero también sus actividades cotidianas, planes futuros, deseo de tener hijos a corto o largo plazo y es aquí donde la consejería médica juega un papel fundamental para orientarlas en la selección del anticonceptivo adecuado.El especialista aseveró que la elección anticonceptiva es una decisión importante para la vida de todas las mujeres, razón por la cual es importante promover conversaciones efectivas entre médicos y usuarias, informar a las mujeres sobre todas las opciones anticonceptivas incluyendo los métodos de larga duración, despejar dudas y mitos sobre los métodos.

viernes, 27 de abril de 2018

Características de un antilíder.



Características de un antilíder.
Líder vs antilíder
Un buen líder, se define como aquella persona capaz de influir positivamente en los demás. Sabe motivar al grupo y puede llevar a un equipo a su nivel más alto.
Por oposición, estaría el antilíder, aquella persona que no logra conectar con su equipo y por tanto no consigue ni la cohesión en el mismo ni llegar a ningún objetivo importante.
A continuación les dejamos las principales características de un antilíder.
Características de un antilíder
Soberbio: se cree en posesión de la verdad, no escucha, no pide consejos, no acepta otros puntos de vista, no sabe reconocer sus errores, no reconoce sus propias limitaciones. Todo ello le puede llevar a cometer errores muy graves que pongan en peligro el futuro de la empresa, aparte de que este modo de comportarse genera un fuerte rechazo entre los empleados.
Incumplidor: promete y no cumple, su equipo se esfuerza esperando conseguir la recompensa prometida y ésta no se produce. Esto le lleva a perder toda credibilidad. El equipo pierde su confianza en él y no va a estar dispuesto a seguir realizando esfuerzos adicionales.
Temeroso: es una persona que se siente insegura, lo que le lleva a ser extremadamente celosa de su parcela de poder. Tiene miedo a que alguien le pueda hacer sombra y ello le lleva a rodearse de gente mediocre.
Es una persona acomplejada, el miedo a mostrar debilidad le lleva a rechazar consejos, a no escuchar, a no permitir que la gente de su equipo brille. Este tipo de ejecutivo termina siendo despreciado por su equipo.
Apagado: un líder apagado difícilmente va a ser capaz de generar entusiasmo en su equipo. Si el líder carece de energía, de optimismo, de empuje poco va a poder motivar a sus empleados.
Rehúye el riesgo: el líder debe luchar por unos objetivos, unas metas difícilmente alcanzables; esto le obliga a transitar por caminos desconocidos, a asumir riesgos. La persona que evita el riesgo a toda costa es un conformista que se contenta con lo que tiene y que difícilmente va a ser capaz de conducir la empresa a ningún destino interesante. En un mundo tan cambiante como el actual, no moverse es sinónimo de perder.
Deshonesto: cuando el directivo carece de unos sólidos principios éticos no es de extrañar que termine cometiendo injusticias. El equipo difícilmente va a seguir a una persona de la que no se fía; más bien terminará despreciándola.
Falto de visión: el líder consigue el apoyo de la organización a cambio de ofrecerle un proyecto realmente estimulante: el líder vende ilusiones. Si el jefe carece de proyecto, ¿qué es lo que le va a ofrecer a su equipo?, ¿continuidad? Eso lo puede hacer cualquiera. Además, como ya se ha señalado, la continuidad es hoy en día la vía más rápida hacia la desaparición.
una persona cuya principal (y a veces única) preocupación son sus propios intereses difícilmente va a conseguir el apoyo de su equipo. Los empleados se darán cuenta inmediatamente del riesgo que corren confiando su destino a esta persona, por lo que tratarán por todos los medios de apartarlo de la dirección.
Iluminado: el líder es una persona que se adelanta al futuro, pero manteniendo siempre los pies en la tierra, sin dejar de ser realista. Si los objetivos que propone el líder son a todas luces utópicos, la gente perderá su confianza en él. El puesto de trabajo es un tema muy serio y la plantilla no va a permitir embarcarse en aventuras con final incierto. Un iluminado puede poner en riesgo el futuro de la empresa.
Autoritario: el jefe que basa su dirección en el empleo del miedo puede conseguir a veces muy buenos resultados en el corto plazo, pero termina inexorablemente dañando a la organización. Los miembros de su equipo aprovecharán la mínima oportunidad para cambiar de trabajo. Nadie soporta a un tirano. El ambiente que genera es muy tenso, la gente actuará sin iniciativa, irá al trabajo sin entusiasmo, y así difícilmente va a ser capaz de dar lo mejor de sí.

martes, 24 de abril de 2018

El efecto tercera persona: todos están adoctrinados menos yo.

Esta distorsión psicológica nos hace pensar que tenemos un criterio propio especial y único.

El efecto tercera persona: ¿qué es?

Denominamos efecto tercera persona a una distorsión en nuestro sistema de creencias a través del cual consideramos que los demás son más influenciables que nosotros mismos.

El efecto en cuestión observa que, visto un elemento publicitario o sometidos a un argumento concreto a un intento de persuasión, tendemos a considerar que el efecto que tiene sobre nosotros mismos es bajo o inexistente mientras que a su vez consideramos mucho más probable que terceras personas se vean afectadas por él y modifiquen sus creencias. El efecto en cuestión fue formulado por Davidson en 1983, en la observación de las creencias de las personas respecto al poder de la persuasión en la publicidad.

La denominación “tercera persona” parte de la idea de que solemos pensar que no solo nosotros no seremos afectados por la persuasión sino tampoco los que le son cercanos (amigos, pareja, familia o personas a las que nos sentimos unidos en general), mientras que sí lo serán personas que nos sean desconocidas o con quien no sintamos una vinculación. Dicho de otro modo: creemos que ni el sujeto al que llamamos "yo" ni al que consideramos "tú" seremos persuadidos fácilmente, pero a los que solemos denominar él/ella con cierta imprecisión sí los consideramos más susceptibles.

¿A qué se deben estas creencias?
El efecto tercera persona es un efecto que aparece de manera habitual en la mayoría de personas y que no tiene nada de patológico. Pero una vez definido, cabe preguntarse el porqué de este tipo de creencias. Y es que por un lado, este efecto supone una sobrevaloración de la propia capacidad para resistir un intento de persuasión, mientras que por el otro supone una infravaloración de la capacidad de resistencia ajena hacia los intentos de persuasión.

En este sentido, el mismo autor que lo acuñó (Davidson) consideraba que la causa del efecto tercera persona se hallaba en la ignorancia pluralista, es decir, a la consideración de que los demás no serán capaces de analizar la situación con el mismo nivel de habilidad que nosotros, sea por falta de habilidad o por carecer de la misma información. Ello causará que los intentos de persuasión externos hagan más mella en ellos que en el propio sujeto.

Otros autores, entre ellos algunos de corte más psicodinámico, indican que este efecto es el producto de la individuación y la defensa del autoconcepto: nos creemos menos vulnerables que el resto como mecanismo para proteger nuestro propio autoconcepto, de tal manera que sobrevaloramos inconscientemente nuestras capacidades de resistencia.

Factores influyentes

Cabe destacar que el efecto tercera persona no aparece del mismo modo y con la misma intensidad ante cualquier intento de persuasión, existiendo diversos factores que influyen en la consideración que tenemos respecto a la capacidad de un mensaje de generar un cambio conductual.

Uno de los principales factores que influyen es el mensaje, afectando aspectos como su nivel de consistencia, generalidad y abstracción. Un mensaje poco claro, formulado de manera genérica y con poca especificidad y con una temática algo abstracta tiene mayor tendencia de generar un efecto tercera persona. Curiosamente, si el mensaje resulta mucho más estructurado y específico la consideración se invierte, dejado de aparecer el efecto tercera persona para pasar al efecto primera persona: creemos que terceras personas no van a verse tan profundamente afectadas o movidas por el mensaje como nosotros.

Por otra parte, el emisor del mensaje y nuestra relación o consideración para con él o ella también es elemento que puede tener gran influencia en la creencia diferenciada respecto a su capacidad para convencernos a nosotros y al resto. Por lo general, a peor consideración que tengamos del sujeto o institución emisora mayor intensidad del efecto tercera persona.

Por ejemplo si odiamos a alguien consideraremos que sus mensajes no van a tener efecto en nosotros o nuestro entorno, mientras que aceptamos que terceras personas pueden ser convencidas o engañadas más fácilmente al carecer de la misma información respecto al emisor.

Finalmente, otro elemento a considerar es la esfera emocional y el interés del propio sujeto con respecto al mensaje en sí. Una mayor implicación emocional o la existencia de motivación o interés tiende a suponer que el efecto tercera persona no se de o se de en menor medida, siendo más probable que ocurra el efecto primera persona anteriormente mencionado.

Referencias bibliográficas
Davison, W. P. (1983). The third-person effect in communication. Public Opinion Quarterly, vol. 47: 1-15.
Paul, B.; Salwen, M.B. & Dupagne, M. (2000). The Third-Person Effect: A Meta-Analysis of the Perceptual Hypothesis. Mass Communication and Society; 3(1): 57 – 85.
Falces, C: Bautista, R y Sierra, B. (2011). El efecto tercera persona: el papel de la calidad de los argumentos y el tipo de estimación. Revista de Psicología Social, 26 (1): 133-139.

jueves, 4 de enero de 2018

Qué cosas no decirle a una persona con cáncer














¿Cuál creen que es la pregunta que se le hace más comúnmente a una persona que tiene o tuvo cáncer? Si pensaron “¿Cómo estás?”, acertaron.
Sin embargo, por atentas que parezcan esas palabras, a menudo no son de ayuda e incluso pueden ser dañinas. En una fiesta familiar que tuvo lugar un año después de mi propio tratamiento contra el cáncer, un pariente lejano me preguntó justo eso. Le contesté: “Estoy bien”. Él insistió: “¿De verdad estás bien?”.
“De verdad”, le dije. Pero ¿y si no lo hubiera estado? ¿Me habría gustado ponerme a describir las malas noticias médicas en lo que se suponía que era un evento divertido?
Un diagnóstico de cáncer puede dejar mudos a los amigos y familiares, o bien provocar que hagan comentarios inapropiados, aunque su intención sea buena. Algunos que no saben qué decir, simplemente evitan por completo al paciente con cáncer, un acto que puede ser más doloroso que si dijeran o hicieran algo inadecuado.
Un nuevo libro, Loving, Supporting, and Caring for the Cancer Patient, escrito por un hombre que recibió tratamiento para combatir un cáncer que ponía en riesgo su vida y que ha dado asesoría a decenas de otros que también padecen esta enfermedad, me puso a pensar en la mejor manera de hablar con alguien que enfrenta el cáncer: su diagnóstico, tratamiento y secuelas. El autor del libro, Stan Goldberg, es un especialista en comunicación, profesor emérito de trastornos de la comunicación en la Universidad Estatal de San Francisco.
Goldberg descubrió a la edad de 57 años que padecía una forma agresiva de cáncer de próstata. En una entrevista comentó que los pacientes con cáncer con frecuencia se topan con personas que adoptan el papel de animadores y dicen cosas como: “No te preocupes”, “Vas a estar bien”, “Vamos a enfrentar esto juntos”, y “Van a encontrar una cura”.
Sin embargo, comenta, “las palabras de aliento pueden funcionar a corto plazo, pero a la larga pueden generar culpa si el cáncer es más agresivo y vence todos los esfuerzos de la persona”.
El Dr. Goldberg sugiere a las personas que, cuando visiten a un paciente con cáncer, hablen menos y escuchen más. Recomienda participar “más en conversaciones y menos en intercambios de preguntas y respuestas”. Si se hacen preguntas, deben ser abiertas, como: “¿Quieres contarme sobre tu cáncer y lo que estás pasando? Tal vez pueda encontrar alguna forma de apoyarte”.
Entre los varios “no” sugeridos por el experto, están los siguientes:
• No llame la atención sobre los cambios físicos del paciente diciendo cosas como: “Por lo menos te deshiciste de esos kilos de más”.
• No le diga al paciente que tiene suerte de padecer un tipo de cáncer y no otro, pues esto minimiza lo que la persona está enfrentando. No hay nada afortunado en tener cáncer, incluso si es uno de los “buenos”.
• No dé información sobre tratamientos no probados ni referencias de doctores de práctica dudosa.
• No sugiera que el estilo de vida de la persona es el causante de la enfermedad, incluso si en efecto puede haber contribuido. La culpa no ayuda. Muchos factores influyen en los riesgos de presentar cáncer; incluso para los fumadores de toda la vida, padecer cáncer a menudo es pura mala suerte.
• No sermonee al paciente sobre mantenerse positivo, lo que puede generar sentimientos de culpa en el paciente si las cosas no salen bien. Es mejor decir: “Cuentas conmigo, sin importar lo que suceda”, y decirlo de corazón.
• No pregunte sobre el pronóstico. Si el paciente brinda esa información, está bien, hablen sobre sus implicaciones. De lo contrario, es mejor contener su curiosidad.
• No se convierta en una carga para el paciente por sus propios sentimientos de desánimo, aunque está bien decir: “Lamento que te haya pasado esto”. Si se siente abrumado por la posibilidad de interactuar con una persona con cáncer, es mejor expresar “No sé qué decir”, antes que no decir nada o evitar a la persona por completo, pues puede sentirse abandonada o pensar que a uno no le importa.


tomado de: https://www.nytimes.com/es/2016/12/05/que-cosas-no-decirle-a-una-persona-con-cancer/?smid=fb-share-es


martes, 26 de septiembre de 2017

Qué es la Psicología Humanista: bases y fundamentos


La Psicología Humanista
(humanismo) se basa en la creencia de que la gente es buena por naturaleza. Este tipo de psicología sostiene que la moral, los valores éticos y las buenas intenciones son las fuerzas impulsoras de la conducta, mientras que las experiencias sociales o psicológicas adversos pueden atribuirse a desviaciones de las tendencias naturales.

El Humanismo incorpora una variedad de técnicas terapéuticas se centran en el potencial individual de cada uno y hacen hincapié en la auto-realización personal.

El desarrollo de la Psicología Humanista

Humanismo surgió a finales de la década de 1950 como una “tercera fuerza” de la psicología, en respuesta a las limitaciones que consideraban que poseían las escuelas del pensamiento del conductismo y el psicoanálisis.

El conductismo a menudo era criticado por no tener en cuenta la influencia de la conciencia humana y la personalidad, además de ser demasiado determinista, mecanicista y depender excesivamente de los estudios con animales. El psicoanálisis por su lado era rechazado por su fuerte énfasis en las fuerzas inconscientes e instintivas y por ser determinista, también.

En 1957 y 1958, Abraham,Maslow y Clark Moustakas se reunieron con otros psicólogos que compartían sus ideas para establecer una asociación profesional que hacía hincapié en un enfoque más positivo y humanista de la psicología. Los principios básicos de este nuevo enfoque de la psicología eran: La auto-realización, la creatividad, la salud, la individualidad, la naturaleza intrínseca y el significado de la vida.

Después de recibir el patrocinio de la Universidad de Brandeis, en 1961 se fundó la Asociación Americana de Psicología Humanista. Otros importantes contribuyentes al desarrollo de la psicología humanista eran Carl Rogers, Gordon Allport, James Bugental, Charlotte Buhler, Rollo May, Gardner Murphy, Henry Murray, Fritz Perls, Kirk Schneider, Louis Hoffman y Paul Wong.

Ideas fundamentales de la Psicología Humanista incluyen:

La verdadera comprensión de la conducta humana no se puede lograr mediante el estudio de los animales.

Existe la libre voluntad, y los individuos deben asumir la responsabilidad personal de su auto-crecimiento y realización. El comportamiento no está predeterminado.

La experiencia subjetiva del individuo es el principal indicador de su conducta.

La auto-realización (necesidad de alcanzar el máximo potencial personal) es algo natural.

Las personas son fundamentalmente buenas y experimentarán un crecimiento si se les proporcionan las condiciones adecuadas, especialmente durante la infancia.

Cada persona y cada,experiencia es única, por lo que los psicólogos deben tratar cada caso de forma individual, en lugar de confiar en los promedios de los estudios de grupo.

Principios de la Psicología Humanista

El ser humano es una totalidad. Éste es un enfoque holista, cuyo objetivo consiste en estudiar al ser humano en su totalidad y no fragmentadamente.

El ser humano posee un núcleo central estructurado. Dicho núcleo es su «yo», su «yo mismo» (self) que es la génesis y la estructura de todos sus procesos psicológicos.

El ser humano tiende naturalmente a su autorrealización formativa. Puesto frente a situaciones negativas, debe trascenderlas; y si el medio se define como propicio, genuino y empático, amén de no amenazante, verá favorecidas sus potencialidades.

El ser humano es un ser inserto en un contexto humano, y vive en relación con otras personas.

El ser humano es consciente de sí mismo y de su existencia. Se conduce de acuerdo con lo que fue en el pasado y preparándose para el futuro.

El ser humano está provisto con facultades de decisión, libertad y conciencia para elegir y tomar sus propias decisiones. Estas facultades lo convierten en un ser activo, constructor de su propia vida.

El ser humano es intencional. Esto significa que sus actos volitivos o intencionales se reflejan en sus propias decisiones o elecciones.

La Psicología Humanista en Terapia

Los psicólogos humanistas normalmente se evitan utilizar técnicas de estudio objetivo, tales como la observación no participante y la experimentación científica. Los terapeutas
humanistas tienden a creer que la reducción de la naturaleza humana a meros números los despoja de su riqueza, por eso utilizan métodos cualitativos de estudio, tales como entrevistas no estructuradas y observación participante.

Las entrevistas no estructuradas permiten al terapeuta tener acceso a los pensamientos y experiencias de un individuo sin dirigir la entrevista hacia ningún tema o idea en particular. En la observación participante el terapeuta forma parte en el estudio, facilitando la formación de las relaciones personales y obteniendo información directamente de la persona. Otras formas de recolección de datos cualitativos que se utilizan son el análisis de la biografía, diarios y cartas.

La psicología humanista integra múltiples técnicas terapéuticas, como la Terapia Centrada en el Cliente de Carl Rogers, que también se conoce como “terapia de Rogers” y otras.

El Humanismo sugiere que cada persona ha sido creada con unas capacidades y necesidades distintas, y debe confiar en ellas para lograr su curación. Los psicólogos que practican este método de terapia adoptan un enfoque no patológico del individuo, en cambio tienen una orientación productiva, adaptable y potenciadora de los rasgos y comportamientos positivos de un individuo durante el tratamiento.

Aportaciones de humanismo a la Psicología El enfoque humanista ha hecho contribuciones significativas al campo de la psicología. Es un nuevo enfoque de la comprensión de la naturaleza humana, con nuevos métodos de recogida de datos en los estudios del comportamiento, y una amplia gama de técnicas de psicoterapia que han demostrado ser eficaces. Algunos de los principales conceptos e ideas que surgieron del movimiento

humanista incluyen:
Jerarquía de las
necesidades
La Terapia Centrada en la
Persona
Consideración positiva
incondicional
El libre albedrío
Autoconcepto
Autoestima
Autorrealización

El humanismo ha inspirado a muchos tipos de terapia. Estas terapias se centran en maximizar el valor y las opciones de cada persona con el fin de obtener una mayor sensación de poder y libertad, incrementando la autoconciencia de las emociones para alcanzar las metas que puedan ayudar a promover un cambio positivo. La auto-realización es a menudo considerada como esencial para este planteamiento.

La Psicología Humanista subraya el valor inherente de los seres humanos y se centra en su capacidad y voluntad para mantener la dignidad mientras se refuerza el amor propio y la competencia. Esta orientación de valor se considera responsable de la creación de modelos de terapia que utilizan habilidades interpersonales con el fin de maximizar la propia experiencia de vida.

Limitaciones de la Psicología Humanista
Las experiencias
subjetivas de los individuos son tremendamente difíciles de medir, registrar y estudiar. El énfasis en la recolección de datos cualitativos hace que sea casi imposible verificar las observaciones hechas en terapia. Por este motivo es muy difícil comparar un conjunto de datos cualitativos con otros, además, la falta datos cuantitativos significa que las teorías fundamentales no pueden ser apoyadas por la evidencia empírica.

Otras críticas al enfoque son su falta de eficacia en el tratamiento de problemas de salud mental graves y las generalizaciones hechas acerca de la naturaleza humana, así como el rechazo completo de algunos conceptos conductistas y psicoanalíticos importantes. Por ejemplo, aunque la psicología humanista sostiene que los estudios en animales son inútiles en el estudio del comportamiento humano, algunas investigaciones realizadas en animales han dado lugar a conceptos que son aplicables a las personas. Además, la psicología humanística se enfoca exclusivamente en el libre albedrío y la conciencia, pero las investigaciones demuestran que el inconsciente juega un papel importante en la psicología humana.

sábado, 13 de mayo de 2017

La guerra abierta entre el psicoanálisis y el conductismo, explicada en 8 claves



Estas corrientes psicológicas ofrecen explicaciones totalmente opuestas sobre la mente. ¿Por qué?


La psicología es una ciencia que ha abrigado múltiples formas y maneras de entender la mente humana y su funcionamiento. Diferentes escuelas y corrientes de pensamiento han ido aparecido y desaparecido, naciendo unas para complementarse a otras o bien en oposición a sus maneras de ver y actuar.
Dos de las corrientes psicológicas que tradicionalmente han tenido posturas enfrentadas han sido el psicoanálisis y el conductismo. Estas corrientes no solo han apuntado hacia objetivos diferentes, sino que además definen algunos conceptos básicos, como "conducta" o "mente", de formas totalmente opuestas. 
En este artículo repasaremos los principales frentes en los que se ha desarrollado la batalla entre psicoanálisis y conductismo.

El psicoanálisis

Siendo una de las escuelas psicológicas más conocidas, el psicoanálisis centra su interés en la parte inconsciente de la mente. Esta corriente entiende nuestro comportamiento como fruto de conflictos provocados a la hora de gestionar y reprimir los instintos y pulsiones que emanan de lo inconsciente y que no pueden ser eliminados del todo, sino simplemente reprimidos. 
Basado en las ideas de su fundador Sigmund Freud, el psicoanálisis estructura la mente humana en diferentes aspectos, pasando de lo inconsciente a lo consciente. Conceptos como Ello, Yo y Superyó se refieren a la parte de nuestro ser que genera impulsos, los gestiona y los censura en base a la moral social y aprendida, respectivamente. Se dan conflictos entre las diferentes partes de nuestro ser, que el yo pretende solucionar empleando para ello diversos mecanismos de defensa.
A nivel terapéutico, el psicoanálisis tiende a tratar aspectos "ocultos" de la persona. A la hora de explicar la psicopatología el psicoanálisis ortodoxo tiende a centrarse en los eventos pasados, explicándose la sintomatología actual en base a eventos vividos en etapas tempranas del desarrollo humano, en el que se visualizan diferentes fases según la persona se va desarrollando. La presencia de conflictos no resueltos en algún momento del desarrollo generará síntomas en el futuro, provocando regresiones a etapas vitales anteriores.
Para esta corriente, el núcleo de la vida psíquica es la pulsión o el instinto. En este aspecto los diferentes autores psicodinámicos han ido considerando que dichas pulsiones se centraban en diferentes aspectos, siendo en el caso del psicoanálisis más clásico la libido o el deseo sexual.
Además, se suele emplear el simbolismo tanto en la interpretación de la psique como en diversos tipos de terapia y tratamiento. Aspectos como los sueños y las manifestaciones inconscientes resultan de gran interés para explicar los contenidos mentales.

El conductismo

La corriente conductista, sin embargo, pretende estudiar de la forma más rigurosa y empírica posible la mente humana a través de su único correlato directamente observable: la conducta. Su máxima prioridad es lograr una explicación científica y contrastable del comportamiento. Busca pues una observación objetiva descartando en lo posible supuestos no comprobables.
Para los conductistas, la conducta está regida por la capacidad de asociación entre diferentes tipos de estímulos, las respuestas dadas ante estos y las consecuencias que dichas respuestas tengan. Por otro lado, se propone que nos regimos por leyes universales e inalterables. Simplemente captamos la información y a partir de esta reaccionamos de un modo concreto según sus características. 
Principalmente se considera que somos entes meramente reactivos a las condiciones de la estimulación, aprendiendo mediante la repetición de asociaciones. Sin embargo, algunas variantes del conductismo, como el conductismo radical, entienden que hay libertad y empoderamiento en la posibilidad de alterar nuestro entorno para que este nos influya tal y como queremos.
Este paradigma, y en especial el conductismo radical propugnado por B. F.  Skinnerse abstiene de atribuir un papel fundamental a los procesos mentales a la hora de explicar cómo nos comportamos, y la mente es considerada más bien como algo que aunque existe no puede llegar a ser analizado de forma objetiva. Las terapias creadas bajo este paradigma se centran en el presente, sin focalizarse en aspectos pasados, y pretenden modificar la conducta actual del sujeto que acude a consulta con el fin de hacerla más adaptativa mediante procesos basados en el aprendizaje.

El conflicto entre ambas corrientes

Estas corrientes de la historia de la psicología han sido a menudo contrapuestas e incluso descritas como totalmente contrarias. Las razones para ello son muchas y, de hecho, muchos autores consideran que el conductismo nació de la oposición a la metodología psicoanalítica
De entre las múltiples diferencias, a continuación destacamos ocho.

1. Objetividad vs Simbolismo

La corriente psicoanalítica se basa en conceptos que si bien reflejan un interesante punto de vista de la realidad y si bien se han manifestado útiles en muchos casos, no son contrastables a nivel empírico. Aspectos como el inconsciente, los sueños o la concepción de los diferente tipos de conflictos internos o las diferentes estructuras que forman parte del aparato psíquico son ampliamente discutidos por los conductistas, que consideran que solo es posible explicar el comportamiento humano a través de métodos empíricos.

2. De fuera a dentro: Personalistas vs Ambientalistas

Una de las principales diferencias o conflictos entre psicoanálisis y conductismo es la centración en diferentes aspectos. El psicoanálisis se centra en lo intrapsíquico. Considera que el origen de los trastornos mentales y las conductas desadaptativas se encuentran en una mala solución de los conflictos intrapsíquicos del sujeto, no siendo eficientes sus mecanismos de defensa para hacerles frente. 
Sin embargo, para el conductismo toda la conducta se explica a través de procesos asociativos los cuales van a venir determinados en gran medida por las características de los estímulos. Así, el conductismo prácticamente no tiene en cuenta factores internos, sino que se centra en aspectos ambientales y procesos elicitados por elementos externos a la psique.

3. Presente y pasado

El conductismo es un paradigma que se centra en el comportamiento y la conducta actuales. Si bien la conducta desadaptativa puede llegar a explicarse en base a un aprendizaje erróneo o a una falta de entrenamiento, lo principal tanto en terapia como en investigación es centrarse en el proceso presente. El psicoanálisis por el contrario tiende a analizar el comportamiento y la mente a través de la historia personal del individuo, su comprensión y análisis. Es decir, se basa en el pasado que originó los problemas, y por eso da mucha importancia a la infancia.

4. Explicación de la conducta

Para el psicoanálisis la conducta se rige por el concepto de pulsión, el cual es mediado por el yo para hacerlo coherente y aceptable para el superyó y el conjunto de la sociedad. Sin embargo, el conductismo explica la conducta en base a la repetición de la asociación entre estímulos y respuestas.

5. Concepto de personalidad

Para el conductismo la personalidad no es más que un patrón conductual aprendido a través de la repetición de estímulos, mientras que el psicoanálisis la considera una forma de gestionar y ajustar nuestros impulsos y pulsiones a la realidad social y la moral.

6. Mecanismos de actuación

Mientras el psicoanálisis se basa principalmente en la realización de análisis a los aspectos profundos y pretende sacar a la luz los diferentes conflictos sin actuar directamente sobre ellos, el conductismo se centra en enseñar al paciente nuevas conductas de forma directa a través del aprendizaje.

7. Objetivo de la terapia

El psicoanálisis pretende con su acción disminuir el nivel de tensión y de conflicto interno en el paciente a través de diversos métodos, mientras que el objetivo de la terapia conductista se centra en hacer variar la conducta hacia formas más adaptativas.

8. Transferencia y contratransferencia

La relación con el paciente es un aspecto de gran importancia en la práctica de la psicología. Sin embargo, estos conceptos son especialmente trabajados y utilizados por el psicoanálisis, estableciendo el conductismo una relación más aséptica con el fin de evitar fenómenos transferenciales más allá del establecimiento de una buena relación terapéutica.

jueves, 23 de marzo de 2017

LA AUTOAYUDA NO AYUDA- Los libros de autoayuda no ayudan



Un polémico psicólogo danés señala que los libros de superación personal hacen a sus lectores más deprimidos y estresados, y en algunos casos hasta crean minipsicópatas.

Pensar positivo, confiar en su voz interior, encontrarse a sí mismo, seguir sus sueños, vivir el momento son consejos que hoy ofrecen cursos, seminarios y libros de crecimiento interior. Pero según el filósofo y psicólogo danés Svend Brinkmann, estos no hacen más felices ni exitosas a las personas. Todo lo contrario. Crean adultos infantiles que sienten la imperiosa necesidad de seguir sus sentimientos sin importar las consecuencias. Personas frustradas porque ese crecimiento personal, que debería tener un límite, se volvió un proyecto de nunca acabar. Y al ser individuos inacabados se estresan y entristecen. “Estos libros enseñan que todos los problemas del individuo pueden solucionarse al seguir unos simples pasos. Y cuando fallan, sienten que ellos son los únicos culpables”, dijo a SEMANA Brinkmann, autor de Stand Firm, al que define como “un libro de autoayuda contra los textos de autoayuda”.
Para Brinkmann, el mundo de la autoayuda ha generado individuos introspectivos y centrados en sí mismos con riesgos de sufrir ansiedad y depresión. En casos extremos incluso ha creado minipsicópatas. Brinkmann menciona a Anthony Robbins, un gurú que asesoró a los presidentes George W. Bush y Bill Clinton y que define el éxito como “hacer lo que quiere, cuando quiera, donde quiera, con quien quiera y por el tiempo que quiera”. El experto dice que tomar este consejo al pie de la letra podría conducir a una personalidad antisocial. De hecho, el autor menciona un trabajo de una de sus estudiantes cuyo objetivo era comparar las recomendaciones de los libros de autoayuda con los principales criterios del desorden de personalidad antisocial, y observó que dos de los rasgos, la falta de control de los impulsos y la ausencia de culpa, se observan en estos textos. “En el mundo de la autoayuda se habla de ‘hazlo ya’, ‘solo se vive una vez’, ‘aprovecha el día’. Además, incentiva muy poco preocuparse por lo que otros piensen”.
Brinkmann escribió su libro intencionalmente en el mismo formato que pretende criticar. La gran diferencia está en que, al contrario de lo que proponen los textos de esta categoría, propone despedir a los coach personales, cambiar los libros de superación personal por novelas, concentrarse en lo negativo, saber decir no, dejar de mirarse el ombligo y suprimir sus sentimientos. “Los libros de autoayuda no son el problema, sino el síntoma de una enfermedad”, explica. Y esta para él es la cultura de la aceleración social. “Dormimos menos y cambiamos de pareja, trabajo y ciudad con más frecuencia”. Los libros de autoayuda proveen con fórmulas sencillas, pasos resumidos y consejos prácticos para estar actualizándose no solo en lo profesional, sino en los asuntos del alma, en busca de crecimiento interior, mayor felicidad, más oportunidades y una vida llena de éxitos. Stand Firm da a los lectores herramientas para resistir la industria de la autosuperación que, según la revista Forbes, mueve al año más de 10.000 millones de dólares solo en Estados Unidos.
Aunque ese movimiento pretende liberar y promover la realización personal de la gente, Brinkmann dice que se ha vuelto una religión del yo en la que cada individuo es el centro del universo. “Son como un pequeño dios que decide lo que es bueno y malo”. La mayoría de sus seguidores terminan adictos a los libros de autoayuda, los terapeutas y el coach de vida, a quienes Brinkmann considera los sacerdotes de esta fe. Y de todos los mantras que circulan en la cultura de la autoayuda, los más perversos para él son la búsqueda interior y el autoanálisis. “Se da la idea de que todas las respuestas están en su interior, pero eso es absurdo”. En un ambiente de depresión económica la culpa de que alguien no encuentre trabajo no es solo suya. Pero con este tipo de mensajes “se privatizan o individualizan los problemas sociales”, dice.
Muchas de sus recomendaciones hacen parte de los estocios, como Séneca, que creían que la gente se siente mejor cuando separa la razón de la emoción. Por eso Brinkmann recomienda reprimir las emociones, usar máscaras, controlar los impulsos y ver la perspectiva de otros. Para el autor no hay ninguna dificultad en ver el vaso medio vacío; en decir un problema en lugar de un reto; en tener rutinas, hábitos y permanecer firme en los principios en lugar de vivir en constante desarrollo; en no siempre estar pensando en el lado positivo de las cosas y en bajar las expectativas y esperar lo peor. En lugar de visualizar las cosas que quiere lograr, como lo ordena El secreto, un libro que ha vendido más de 20 millones de copias, el experto sugiere la visualización negativa: imaginar que pierde todas las cosas, un concepto conocido como pesimismo defensivo, muy efectivo contra la ansiedad porque ayuda al paciente a apreciar su vida.
A pesar de su popularidad, el libro del psicólogo ha levantado ampolla. En su país, expertos en coaching, como Reinhard Stelter de la Universidad de Copenhague, creen que Brinkmann critica textos baratos de autoayuda como los que tienen como título ‘Diez pasos para una vida feliz’. Eso mismo piensa el coach Andrés Aljure, quien señala que el espectro del mundo de la autoayuda es enorme. “Unos son muy serios y científicos, otros son ligeros, pero a todos los clasifican bajo ese rótulo”. Otros critican su propuesta de deshacerse del coach, pues, como dice el psicólogo Camilo Medina, el apoyo profesional es importante cuando se necesita. “Si hay problemas reales es mejor hablar con un profesional”.
Medina considera que los libros de autoayuda sirven siresuelven la inquietud que el lector tiene. Aljure agrega que leerlos no es suficiente, sino que se deben aplicar para ver resultados. Pero Ana María Aragón, librera de Casa Tomada, que no vende libros de autoayuda porque “no nos convencen”, coincide con Brinkmann en que la buena literatura logra el mismo efecto: “El autoconocimiento, la reflexión, y permite vivir la vida de personajes no solo de esta cultura ni de este tiempo, sino de momentos históricos pasados. Lo otro es un recetario de lugares comunes”.

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