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domingo, 24 de enero de 2021

Te explicamos la diferencia entre las pruebas para #COVID19


 

En nuestro país tenemos disponibilidad de 3 tipos de pruebas (basadas en la detección de antígenos, anticuerpos y ácidos nucleícos) para conocer si una persona está infectada con el virus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19.

A continuación, te explicamos sus principales diferencias:

Prueba RT-PCR (Detección de ácidos nucleicos)

La técnica de “Reacción en Cadena de la Polimerasa”, o “RT-PCR” por su sigla en inglés, se ha utilizado en el mundo durante años para detectar algunos patógenos, como por ejemplo el virus causante de la influenza.

En el caso de la enfermedad COVID-19, la prueba detecta si hay presencia de material genético (ARN) del virus SARS-CoV-2 en una muestra clínica obtenida del cuerpo del paciente y que por lo general se extrae introduciendo profundamente un hisopo largo por uno de los orificios nasales del paciente; su resultado podría tardar entre 3 y 48 horas, según la disponibilidad del laboratorio que procese la muestra.

Este tipo de prueba tiene tres características que la destacan de las demás:

  • Su alta especificidad. Esto quiere decir que puede diferenciar entre dos microorganismos que son muy cercanos evolutivamente
  • Se ha demostrado que además de una alta sensibilidad, también cuenta con muy buena especificidad en la infección temprana (hasta 11 días después del inicio de síntomas)

Por lo anterior, es la prueba de elección o estándar de oro para el diagnóstico.

Esta prueba tiene cierto grado de complejidad y requiere que se lleve a cabo por personal entrenado de principio a fin. A pesar de sus grandes ventajas, esta prueba no permite obtener diagnósticos masivos de manera rápida y por ello ha sido necesario buscar otros métodos más ágiles que contribuyan a frenar la evolución de este virus a nivel mundial.

Pruebas rápidas para detección de antígenos

A diferencia de la PCR, este tipo de prueba no detecta material genético sino proteínas del virus a través de una muestra de fluido nasal o bucofaríngeo extraído por medio de un hisopo. Puede utilizarse para analizar a un gran número de personas, pues sus resultados son procesados en, aproximadamente, 15 minutos.

Este tipo de prueba tiene una sensibilidad alta en los primeros días de la infección, por lo que permiten un diagnóstico rápido en casos en que el paciente presenta síntomas de la enfermedad y que han tenido contacto directo con una persona diagnosticada con esta enfermedad.

Pruebas rápidas para detección de anticuerpos

Se realiza utilizando una pequeña muestra de sangre para detectar la respuesta inmune contra el virus, es decir que puede notar si tu cuerpo ha creado anticuerpos contra el SARS-CoV-2 y de este modo, en un tiempo máximo de 10 minutos, se conocer si la persona está o estuvo infectada con anterioridad.

Debes recordar que las muestras siempre deben ser tomadas por profesionales de la salud (médicos, enfermeras o auxiliares capacitados) y en laboratorios debidamente autorizados para realizar un debido diagnóstico.

lunes, 5 de noviembre de 2018

#HumanidadYPsicologia Personalidades tipo A, B y C (características y cómo afectan a la salud)






Es posible distinguir entre tipos de personalidades que nos vuelven más propensos a la enfermedad.

Estos tipos de personalidad se refieren a cómo las personas responden al a situaciones cotidianas, así como las situaciones límite, traduciéndose en estrés. No obstante, se utilizan estos patrones de personalidad tipo A , B y C para asignar a los individuos con distintas formas de manifestar los pensamientos y conductas.

Personalidad y expresión del estrés

Friedman y Rosenman, cardiólogos, tras investigar la relación de distintos tipos de personalidades y enfermedades cardiovasculares, revelaron una correlación directa en el afrontamiento del estrés, tipo de personalidad y enfermedad.

Realizaron distintos estudios. En un primer estudio pudieron diferenciar los tipos de personalidades de los pacientes, destacando los que esperaban de forma tranquila y los que no podían estar mucho tiempo sentados y manifestaban movimientos inquietos a través de los brazos, manos y piernas o pies. Estos resultados no fueron aceptados en un principio por la comunidad médica; el cambio de dicha interpretación se produjo tras los resultados obtenidos en su investigación formal tal como expongo a continuación.

Tras este estudio, Friedman y Rosemann (1976) denominaron un primer comportamiento como Tipo A, e indicaron que tenían mayor riesgo de enfermedades cardíacas y correspondiente presión arterial alta en comparación al Tipo B,

Friedman y Rosenman realizaron un estudio longitudinal para demostrar la correlacion entre el tipo de personalidad e incidencia en las enfermedades cardíacas. Fué publicado en el Western Collaborative Group Study, en el cual se estudió a 3154 hombres sanos de entre 39 y 59 años a lo largo de ocho años y medio.

Ellos completaron un cuestionario con preguntas elaboradas por Friedman & Rosenman: tales como:

¿Te sientes culpable si usas el tiempo libre para relajarte?

¿Necesitas ganar en disfrutar juegos y deportes?

¿Te mueves, caminas y comes rápido?

¿A menudo intentas hacer más de una cosa a la vez?

Tras la obtención de las respuestas, concluyeron y diferenciaron los tipos de comportamientos expuestos tipo A y B.
Ambos patrones de personalidad eran propensos a desarrollar enfermedades coronarias. Pero tras diferenciar ciertos hábitos como el de fumar y ciertos etilos de vida, se pudo apreciar cómo las personas Tipo A de personalidad tenían practicamente la misma portabilidad de desarrollar enfermedades cardíacas que las personas del Tipo B.
Tras estos datos, y después de ocho años , los resultados obtenidos de los integrantes en el estudio fueron que 257 de ellos habían desarrollado una enfermedad coronaria. El resultado final era determinante, ya que el 70% de los hombres que habían desarrollado cardiopatía coronaria eran personalidades de tipo A.

¿Cómo son las personalidades tipo A, B Y C?

Tras todo ello podemos definir los diferentes tipos de personalidades y rasgos que diferencian no solamente el comportamiento si no también la repercusión de la ansiedad en el organismo.

Tipo A

Los individuos tipo A suelen a ser muy autoexigentes, competitivos y autocríticos. Son grandes luchadores, no son pacientes, se esfuerzan mucho para lograr sus objetivos, y una vez alcanzados no les producen una gran satisfacción.

Tienden a ser ambiciosos, manifestando una gran implicación sobre todo a nivel laboral. Tienden a ser impacientes, lo cual a largo plazo los hace improductivos, tras esto último se esfuerzan aún mas y esto convierte este patrón de comportamiento en un círculo vicioso, manifestando gran exigencia e incluso pudiéndose manifestar en agresividad.

Por otro lado, un estudio longitudinal realizado por Ragland y Brand (1988) también encontró que, según lo indicado por los pacientes con el Tipo A de Friedman, era más probable que sufrieran una enfermedad coronaria.

Tipo B


Las personas con patrón de comportamiento Tipo B tienden a ser más emotivos, pacientes y más reflexivos, manifestando niveles más bajos de ansiedad, mayores aptitudes creativas e imaginación. No suelen ser competitivos.

Tipo C

En cambio los patrones de comportamientos del Tipo C no suelen expresar las emociones con facilidad, omitiendo los sentimientos, sobre todo los negativos, como la rabia. Pueden ser extremadamente amables, para evitar conflictos, prevaleciendo el cumplimiento de las reglas sociales y la paciencia.

La incidencia de las enfermedades coronarias


El principal problema con el tipo A y el tipo B es el diagnóstico de enfermedad coronaria. Algunas investigaciones (por ejemplo, Johnston, 1993) se han concentrado en la hostilidad, argumentando que el tipo de comportamiento es un factor importante que conduce a la enfermedad cardíaca coronaria.

La personalidad tipo C se caracteriza por las personas que tienden a omitir sus sentimientos y reprimir sus emociones en lugar de afrontar y buscar soluciones. Manifestando mayor susceptibiliad o bien conductas o personalidades asociadas a ciertas patologías como el asma, resfriados o cáncer.

El Dr. Gianaros, profesor asociado de los programas de Psicología Clínica y Biológica y de Salud en el Departamento de Psicología de la Universidad de Pittsburgh, investiga la la conexión mente-cuerpo y sobre cómo repercuten a nivel físico los factores psicológicos y sociales. En 2017 en la revista la revista Biológica Psiquiatría, publicó un estudio al respecto.

En su estudio utilizó una combinación de métodos psicofisiológicos combinados con imágenes cerebrales para determinar las correlaciones neuronales a las reacciones de estrés cardiovascular situaciones de estrés, depresión, ira, ira, etc.

En este estudio, el Dr. Gianaros pretendía analizar las respuestas neuronales causadas por el estrés psicológico y la regulación emocional, y establecer la posible relación de los niveles de aterosclerosis preclínica, los ataques cardíacos y los accidentes cerebrovasculare son el efecto de un deterioro progresivo a los vasos sanguíneos a través de la acumulación de placa en las arterias o de la aterosclerosis, lo cual tras el tiempo, reduce el flujo sanguíneos pudiendo provocar graves problemas como accidente cerebrovascular y muerte.

Tras dichos estudios y otras evidencias, se ve cómo las emociones negativas permanentes y el riesgo de aterosclerosis y enfermedades cardiovasculares correlacionan positivamente, posiblemente al aumentar los niveles de químicos inflamatorios que se originan en el organismos. Hoy en día se prosigue con las investigaciones de la Universidad de Pittsburgh, las cuales estudian la relación de los circuitos neuronales específicos que subyacen en dicho desarrollo, así como la regulación de las emociones negativas relacionadas con patologías como la aterosclerosis y enfermedades cardiovalculares.

El Dr. Gianaros cree que estos descubrimientos muestran que las mismas áreas del cerebro utilizadas para regular las emociones también regulan las respuestas inflamatorias, produciéndose mayor actividad cerebral e el trascurso la regulación de las emociones.

La actitud vital cuenta mucho

El optimismo, la risa la conciencia plena y técnicas de relajación y la a meditación, conexiones sociales ricas y estrategias de afrontamientos ante el estrés pueden ayudar a reducir el riesgo de enfermedad cardíaca así como otras patologías.

Las prácticas diarias de risa la, meditación consciente, la ecuanimidad y el mantener fuertes conexiones sociales pueden ser parte de una estrategia de prevención basada en el cerebro y el cuerpo que mejorará el bienestar psicológico y físico a largo plazo.

Sería interesante mantener estos estudios no solamente en el el patrón de comportamental del tipo A, pero también en el B y C.

Y recuerda, ¡Tú eres el creador de tu mente!

https://psicologiaymente.com/personalidad/personalidades-tipo-a-b-c?utm_content=1d&utm_medium=castillo&utm_source=Twitter&utm_campaign=blog-personalidades-tipo-a-b-c

martes, 2 de agosto de 2016

La postura corporal podría influir en nuestras decisiones


En oportunidades como entrevistas laborales o reuniones importantes solemos desestimar un detalle fundamental en muchos casos: la postura corporal.
De hecho, un lenguaje del cuerpo incorrecto o la lectura equivocada de una situación pueden determinar que no obtengamos un trabajo, se desestime una propuesta realizada o el aumento de sueldo deseado quede encarpetado para otro momento.
Por esta razón, la ciencia le prestó atención a esta cuestión y buscó entender de qué manera las modificaciones en la postura corporal generan réplicas en el cerebro mediante las cuales se alterarían las emociones y los sentimientos.
¿Nos mostramos del mismo modo cuándo estamos contentos que si nos sentimos tristes? La respuesta obviamente es no. De hecho, cuando nos sentimos de buen humor y pletóricos caminamos derechos y abiertos, mientras que si la tristeza gobierna nuestro estado de ánimo nos desplazamos como "pollitos mojados" y cerrados, intentando que nuestra presencia pase desapercibida.
Una investigación publicada en la revista Psicological Science mostró cómo influye la postura a la hora de tomar decisiones. Para realizar el trabajo, los participantes elegidos se dividieron en dos grupos. Uno debía lucir un aspecto de “poder alto”, es decir, estar erguidos y abiertos, mientras que el otro todo lo contario: necesitaba una postura de “bajo poder” más sumisa, cerrada y con tendencia a ocupar menos espacio.
Luego de dos minutos de haber mostrado las distintas actitudes, los científicos les preguntaron a los implicados cómo se habían sentido y los invitaron a sumarse en actividades que implicaban apuestas. Además, les tomaron muestras de saliva.
Cómo se esperaba, quienes debieron exhibir un tono emocional más elevado se mostraron más confiados y poderosos luego de la experiencia, al mismo tiempo que arriesgaron más a la hora de apostar.
“Dos minutos en una postura corporal pueden generar cambios hormonales que configuran el cerebro para hacerlo positivo y cómodo o muy sujeto al estrés. Las expresiones no verbales pueden regir cómo nos vemos y mostramos”, aseguró la autora del trabajo y psicóloga social Amy Cuddy.
¿Por qué se produjo esta reacción en este grupo de individuos? La secreción de testosterona (característica en posturas dominantes) y los niveles más bajos de cortisol (hormona que producimos en situaciones de estrés) serían los culpables de las respuestas de unos y otros.
A partir de esto, si debemos afrontar una situación para la cual necesitamos estar plenos, tolerantes y menos nerviosos bastaría con modificar la postura corporal. También es importante acompañar esto con una sonrisa: el humor es otra clave cuando es necesario sentirse mejor.